Felipe Alpízar, director del CIEP

“El mayor reto político hoy es entender el enojo y la furia”

“Tahúr en Montecarlo / Cigarrillo en tu boca/ Taxista en Nueva York…” “Politólogo en la era de Trump”…

“Tahúr en Montecarlo / Cigarrillo en tu boca/ Taxista en Nueva York…” “Politólogo en la era de Trump”… La última frase bien podría ser parte del aquel estribillo desaforado que cantaba a principios de los 90 Joaquín Sabina.  Y ese es, precisamente, el rol que le toca (y quiere) jugar al director del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), Felipe Alpízar.

A él le toca estudiar e interpretar la dinámica política justo cuando a Washington le da por las “verdades alternativas”, por cuestionar tratados de libre comercio y criticar a la OTAN.

Cuando en Costa Rica las lealtades partidarias parecen disueltas y entramos de lleno en la autopista electoral 2018 con medios de prensa que niegan la validez de las encuestas de opinión y otros que temen publicarlas.

En este contexto, Felipe lanza la idea de que podemos estar viviendo una suerte de  “guerra cultural”, que expresa la tensión entre el sistema de creencias conservador de los pueblos pequeños en pugna con la agenda progresista de las grandes ciudades.

También recoge el guante de las “verdades alternativas” y recuerda que en política “la mentira” o el discurso para la gradería ha sido una constante en la historia y fundamenta su tesis de que el mayor desafío político del 2018 es comprender el desencanto y la furia ciudadana.

Son tiempos interesantes para un politólogo, no necesariamente buenos tiempos, pero sí interesantes. ¿Cuál es tu opinión sobre este momento político de la humanidad?

-Bueno, probablemente como buen politólogo la primera respuesta sería que no creo que sea el mismo cambio para todo el mundo. Es un cambio muy ligado a Occidente. Por supuesto que China está percibiendo que sus pares están cambiando, pero China va más o menos por el mismo rumbo. Alguna gente vaticina que es el fin de una época económica. La época de la globalización y el neoliberalismo. Ahora, con la influencia del presidente Trump, podríamos estar yendo hacia una era, a la cual es todavía difícil ponerle el nombre, pero que podría ser algo entre populismo y nacionalismo.

También estamos en lo que llaman guerras culturales, y que es que algunos sectores   –sobre todo urbanos-  han impulsado una agenda liberal o progresista en términos de derechos humanos, con causas como matrimonio entre personas del mismo sexo, derechos de las mujeres, diversidad cultural y ciudades muy abiertas a la migración. Pero las personas que han impulsado esa agenda se han olvidado (o nos hemos olvidado) de que no todos los países o todo el mundo vive en San José, New York o París. Todavía hay sectores para los cuales la religión  -sea cual sea-  es muy importante y entonces viene como un rebote o una reacción contraria a esa agenda progresista.  Para una señora o señor de entre 60 o 70 años  en un pueblo de Estados Unidos, siente que lo que ocurre en Nueva York le está atacando todo su sistema de creencias y valores y si a eso le sumamos una incertidumbre económica derivada de la globalización, pues tiene una reacción muy fuerte o muy visceral.

En los casos Trump y Brexit las estrategias de campaña fueron emocionales,  no apelaron al argumento racional sino  a lo emotivo.

-Esto no es nuevo. Ahora se puso de moda este término de post-factual o la época post-verdad y pienso en Goebbels y pienso que, en la época de Hitler, la verdad tampoco importaba mucho. Era propaganda. Ahora se usa la palabra  post-verdad o post-factual para llamarles a cosas que son directamente mentiras. Esto te lo digo un poco porque ya hace tiempo se sabe que, por ejemplo,  el voto no es algo necesariamente racional.

La tradición en ciencias políticas es entender que las elecciones son como un mercado electoral donde uno mediante su voto le da un peso económico a una dirección u otra, cuando en realidad muchas personas votan de manera irracional y el miedo es una de las estrategias más importantes para hacer que las personas se replieguen a lo conocido. En el caso particular de Estados Unidos, estos sectores conservadores se vieron amenazados por los dos períodos de Barack Obama y reaccionan con miedo buscando alguien que les dé seguridad. Puede ser que, desde aquí, a uno le parece el discurso de un loco pero, en realidad, está hablando en un idioma que a muchos estadounidenses les resulta conocido, el del patriotismo, el nacionalismo y sienten una cierta protección.

Entre las novedades de la era Trump viene el concepto de verdad alternativa. ¿Cómo interpretar esta suerte de cinismo global?

-Creo que para responder esa pregunta uno tiene que tener en mente lo que ha cambiado la realidad política las redes sociales y la Internet, porque la gente no sé si antes leía más o si antes buscaba tres medios de comunicación distintos para hacerse una idea. Tal vez no, pero ahora es que ni siquiera se lee un artículo completo, solo se lee el titular o las primeras dos líneas. Eso sí creo que es novedoso, en eso si tiene razón, en decir que la gente no está buscando la verdad sino que busca un argumento para reforzar su posición. A veces buscamos la noticia que diga “ ah sí, lo que están haciendo en el puente de la platina está mal”, entonces el noticiario o el medio en Facebook que le dé ese enfoque es el que yo tiendo a preferir y además los algoritmos de Facebook son nefastos porque comienzan a repetir lo que la gente busca.

Decís que el votante intuye que el político le está mintiendo pero no le importa.

-Pero siempre le ha mentido, Ernesto, ¿no te parece? O sea siempre se han prometido cosas que no se cumplen. Lo que creo es que antes lo que le importaba a la gente, por lo menos en el caso de Costa Rica, donde hay una cultura más clientelar, es que el político le ofreciera lo que necesitaba de primera mano. Pero en un mundo más globalizado y más interconectado, el político no solo puede ofrecerle al pueblo que le va a arreglar el puente sino que tiene que hacer algunas promesas más generales. Y en esto juega cómo el mercadeo se ha metido en el mundo de la política. En marketing político hay que segmentar al electorado y hay que buscar qué es lo que quiere cada sector del electorado. Internet permite que eso sea mucho más específico. Las campañas políticas funcionan con información de lo que el votante, en tanto consumidor, quiere. Entonces, para quien quiera vender al candidato como un producto, o como una coca cola (dijo un ex asesor de campaña) no importa mucho la verdad, importa lo que esa persona quiere y ese querer puede ser totalmente aspiracional. Nos movemos en una dimensión totalmente ajena a la verdad o a la mentira.

El CIEP es uno de los centros universitarios más respetados en materia de encuestas. La pregunta que uno se hace es: ¿Hay que creer en  las encuestas? ¿Por qué?

-Yo sabía que no me iba a ir de la entrevista sin una pregunta difícil. Creo que las encuestas pueden tener tres problemas. El primero es de índole ético: que la encuesta en realidad no sea una encuesta, sino una farsa para defender una posición política determinada. Un segundo problema puede ser la metodología: una muestra que no está bien hecha, el hecho de que no hemos tenido acceso a los números de celular sino hasta ahora, eso sería un problema de orden técnico. Y el tercer problema tiene que ver con la interpretación. La encuesta es solo una foto de un momento en particular pero muchas veces esa foto se utiliza para proyectar en el tiempo. Entonces, por ejemplo, que la encuesta del CIEP diga que la simpatía partidaria en este momento es del 72% no permite a nadie decir que la simpatía partidaria dentro de un año va a seguir siendo esa.

Hay un cuarto asunto que te podría agregar y tiene que ver con un asunto más complejo y hasta epistemológico. El sociólogo español Jesús Ibáñez explicaba que algunas propiedades sociales se distribuyen de manera individual en la población. Es decir, vos tenés una propiedad y yo tengo otra distinta. La propiedad de ser blanco, alto, negro, gordito, bajito, ser de Alajuela o Heredia, etc. Pero hay otras propiedades que solo nacen a partir de la interacción. Yo puedo tener una posición sobre un asunto pero hasta que discuto con vos y estamos en ese intercambio, de ahí sale una nueva propiedad. Sigue una lógica un poco dialéctica de que el intercambio entre personas genera una lógica que de manera individual no existía. Ibáñez decía que la encuesta era el instrumento adecuado para captar las propiedades que se distribuían de manera individual entre las personas, y el estudio de grupo era la herramienta para captar las propiedades que se generaban gracias a la interacción entre las personas. Por eso es que desde el CIEP hemos tratado de, a la par de realizar las encuestas, hacer cada vez más grupos de discusión, y creo que hemos tenido algo de éxito porque muchas veces en el teléfono las respuestas de las personas son como un disparo inmediato o como una reacción poco meditada de “Ah el Gobierno está mal”, “No creo en los partidos porque todos los políticos roban”, “Lo público no sirve para nada”. Y cuando hemos hecho grupos de discusión y empezamos a hablar con estas mismas personas y hay una persona que piensa distinto y dice “No mire, pero es que yo voy a la CCSS todas las semanas a recibir un tratamiento”, otra dice “Sí, mi abuela recibe atención”; entonces la gente empieza a matizar esa afirmación que es como una afirmación inmediata y eso solo ocurre por medio de la interacción.

¿La falta de lealtad partidaria empujaría un retorno al caudillismo?

Te la voy a devolver. No sabía que había pasado de moda el caudillismo .

Es cierto en la práctica, pero en los discursos sí…

-Sí, sí, hay un discurso más moderno de que son procesos democráticos y tal, pero basta ver la nómina de los partidos para ver a los caudillos, a los hijos de los caudillos, o a los hermanos de los caudillos. En este proceso de convenciones internas de los partidos aunque la mayor parte de las personas no se enteran, pero el liderazgo (para no ponerle una palabra tan peyorativa como caudillismo) juega un papel muy importante. Es decir, si yo soy un dirigente político en Cóbano y me llama un expresidente, esa llamada tiene peso; si un expresidente me pide que trabaje con él tiene peso. No lo medimos en nuestra encuesta, pero la reacción de los costarricenses al liderazgo que tuvo el presidente Solís durante el huracán tiene que ver con caudillismo, creo que tiene que ver también con un sistema patriarcal donde el país a veces se ve como una familia que necesita un padre que le diga por dónde ir, que ponga orden, que demuestre que él es el que manda, y que la gente se alinea porque es lo que el país necesita. Esos liderazgos tan fuertes no suelen ser necesariamente los más democráticos porque entonces todo gira en torno a la voluntad del líder, y si el líder hoy decide una cosa y mañana cambia de opinión, entonces el proceso se cae. Creo que Zygmunt Bauman tenía razón en decir que vivimos en un mundo más inestable o líquido, en el cual las personas necesitan certezas. Entonces ese líder fuerte que le ofrece una certeza…

¿Le ofrece una certeza o una promesa de certeza?

-Sí, es una ilusión de certeza porque como vivimos en una sociedad patriarcal donde la autoridad emana del hombre o del padre, si hay un hombre que demuestra liderazgo pues le ofrece esa ilusión de que el padre lo sigue cuidando y le dice por dónde tiene que ir. En las preguntas que hicimos sobre autoritarismo en realidad es de eso sobre lo que estamos hablando porque eran binarias y decían “¿Usted prefiere que sus hijos obedezcan o que sean independientes?”; y cuando todas las respuestas se cargaban a la obediencia entonces tenía una nota más alta en la escala de autoritarismo. El país, en su mayoría, muestra actitudes autoritarias y eso no solo lo dice la encuesta. La mayor parte de la gente prefiere que sus hijos le hagan caso a que sus hijos exploren el mundo. Claro, aquí también entra un poco el miedo a la libertad porque preferimos tener todas las cosas controladas y que alguien nos diga por dónde tenemos que ir, a nosotros tener que tomar nuestras propias decisiones.

En este contexto donde la verdad ya no es fundamental para la política, ¿para qué estudiar Ciencias Políticas?

-Te puedo dar dos respuestas. Una es la que creo que los estudiantes ven; hay muchos estudiantes comprometidos con militancia política. Vemos muchos estudiantes que militan en partidos políticos, son activistas, son líderes jóvenes que han cumplido algún rol en su comunidad o como líderes estudiantiles.

La otra respuesta sería la que daría en una feria  vocacional: te da una serie de herramientas técnicas y metodológicas para analizar la realidad, manejo de paquetes estadísticos, paquetes para análisis cualitativos, cómo hacer una entrevista, cómo hacer una encuesta; todo eso tiene que ver con análisis de la realidad y que puede servir en la academia pero afuera sirve para que un banco se decida y haga análisis de riesgo del país y se decida a dar más o menos préstamos en el sector privado, ser asesor en la Asamblea Legislativa  o en un Ministerio. Pero yo creo que algo que da la carrera y que a veces no se valora mucho, y es una capacidad analítica.

Volviendo a Bauman, pues no es lo mismo analizar el momento actual sin haber leído a Bauman que después de haberlo leído. Eso te sirve para resolver problemas.

Hay una propiedad política que no está ligada al análisis y es la capacidad de interpretar el momento. “Volver a hacer fuerte a América” entra en un tuit y es una frase muy poderosa que captó la atención de una enorme cantidad de gente.

-Esa cualidad que vos decís es muy importante y creo que no es la más destacada en la academia, que es tomar decisiones sobre la marcha donde no está toda la información. Estoy pensando en un cuarto de crisis o en una Asamblea Legislativa cuando hay una votación ahora y uno no puede decir que atrasen la votación para dentro de dos meses hasta que yo tenga claro qué es lo que quiero hacer. Ahí hay que tomar decisiones y de ahí el olfato político.

¿Qué proyectos tiene el CIEP para este año? ¿Cómo adaptarse a esto y a la vez cumplir con la función que solo la Universidad pública hace y que es la investigación?

-Obviamente vamos a continuar haciendo encuestas, vamos a empezar a explorar hacer encuestas a teléfonos celulares para empezar a ver qué tan viable es. También vamos a estudiar el comportamiento electoral a nivel local e incluso a nivel de distrito tomando votaciones históricas desde 1953 hasta el 2016 para ver cambios a nivel más territorial. Hay varios proyectos estudiando élites, partidos políticos, y de diferentes formas; algunos lo hacen con entrevistas a líderes, otros siguiéndole la pista a la conformación de los gabinetes para ver si alguien fue alcalde o luego fue ministro, diputado, o así, para así saber qué tipo de liderazgos hay en el país más allá de los candidatos y de los presidentes. Yo creo en realidad que el reto más grande para el CIEP, la Escuela de Ciencias Políticas y para la comunidad de ciencias políticas es entender el desencanto y la furia. Yo creo que estamos en épocas de enojo y tenés razón en decir que no necesariamente los instrumentos tradicionales nos van a servir para saber por qué está la gente enojada y ni siquiera tener el instrumento adecuado para captar las razones del enojo. No sé si en el 2018 los costarricenses van a votar con enojo o no, en realidad es una fuerza peligrosa. Las reacciones de miedo o enojo normalmente son reacciones que se repliegan en sí mismo, son acciones individualistas que normalmente rompen los lazos sociales, y eso es bastante grave. No sabemos cómo va a ser el 2018, pero yo creo que el mayor reto político hoy es entender el enojo y la furia.



“Ahora se usa la palabra  post-verdad o post-factual para llamarles a cosas que son directamente mentiras”



“Basta ver la nómina de los partidos para ver a los caudillos, a los hijos de los caudillos, o a los hermanos de los caudillos. En este proceso de convenciones internas de los partidos aunque la mayor parte de las personas no se enteran, pero el liderazgo (para no ponerle una palabra tan peyorativa como caudillismo) juega un papel muy importante”.



“No sabemos cómo va a ser el 2018, pero yo creo que el mayor reto político hoy es entender el enojo y la furia”.



 

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