Pablo Pineda:

“Las personas con discapacidad no somos islas inconexas de la sociedad, sino que estamos inmersos en ella”  

El primer europeo con Síndrome de Down que culminó una carrera universitaria presenta un  manual para padres cuyos hijos tienen esta condición.

Los esfuerzos de las personas con Síndrome de Down por incorporarse y tener una participación activa en la sociedad van en aumento. Llevar una vida normal, y ser considerados personas con capacidades distintas más allá de ser vistos como los “diferentes”.

Fue  bajo esta premisa que el  conferencista Pablo  Pineda, primer europeo con Síndrome de Down que logró culminar con éxito una carrera universitaria, decidió dar un paso más en el tema, y escribir su  libro Niños discapacitados, manual para padres.

La obra recientemente ha sido traída a Costa Rica por la Editorial Tecnológico  como parte de uno de los proyectos que surgieron tras la participación de las cinco editoriales universitarias costarricenses en la Feria del libro de Frankfurt.

El libro  ayuda a orientar a los padres sobre cuál es el camino que deben seguir al educarlos,   pero al mismo tiempo, es un manual para la sociedad, de cómo puede entender y acercarse  más a estas personas, para romper con los estereotipos que se les han impuesto.

“Escribo este libro para ayudarlos, por un lado, a ustedes, los padres de las personas con “capacidades diferentes”, y por otro a ustedes, hijos, a que afronten la vida sin miedo y no sea  acomplejado nunca”, introduce  Pineda en su libro.

Dagoberto Arias, director de la Editorial Tecnológico explicó que la idea del proyecto vino   tras conocer  la obra y se concluyó que al ser un libro que aborda la inclusión, resulta  de suma importancia  desde la academia.

Agregó que uno de los objetivos es buscar  que las personas que lo leen se sensibilicen, y que   esas diferencias que la  sociedad  hace más grandes, disminuyan y  para entender  que se trata de  seres humanos, que sienten, piensan, igual que cualquier otro.

De manera vivencial, Pineda logra llevar a cada una de las personas un mensaje, con el que pueden cuestionar acerca de la inclusión y el trato que le den a cada una de ellas.

Su libro  pone  en la mesa temas para la discusión como la independencia, la autonomía, la sexualidad, el ámbito laboral, familiar.

PARA LA SOCIEDAD

“Creo que todavía seguimos siendo los grandes desconocidos, y por eso hay tantos prejuicios y estereotipos, que se deben dar a conocer”, escribe Pineda en su libro; es por ello que considera que la barrera  más difícil, a la que se enfrentan las personas con Síndrome de Down, es el desconocimiento.

Pineda nombra “La famosa teoría del eterno niño” como una afirmación estereotipada. “Las  personas con discapacidad también cumplimos años y también cambiamos. Para bien o para mal. No es verdad que seamos niños mayores, somos personas, que vamos creciendo, y cuando digo esto me refiero a todos los aspectos: el emocional, el experiencial, el ideológico”.

“A pesar de que la sociedad dice que progresa y hay más avances tecnológicos, los prejuicios sobre las personas “diferentes” siguen estando ahí”, añade.

COMO PERSONAS

Pineda no deja de lado temas profundos como la sexualidad o los sentimientos  que así como cualesquier otras personas, tienen derecho a vivir y sentir quienes viven con Síndrome de Down.

“En cuanto a los sentimientos se trata de un tema muy personal: estos son nuestros y por lo tanto los tienen que respetar. Y por un lado es, tratándonos como personas que tenemos corazón y también respetando nuestra privacidad”.

Desde niño recuerda que su madre se sentaba a hablar con él de todo.  Lo cual fue fundamental para que tuviera conocimiento de  lo que pasaba  fuera de sus cuatro paredes. Y principalmente a no tener  tabúes.

Desde ahí, hace  una invitación para que las familias pierdan el miedo de hablar de temas como la sexualidad, que debería verse  como algo normal en ellos.

“La sexualidad en nosotros no es una perversión, al contrario, es una necesidad que tenemos como personas que somos, porque, le pese a quien le pese, somos de carne y hueso, no un espíritu puro; por eso tenemos necesidades, porque estas forman parte de las personas”.

Reconoce que, sin duda, algo fundamental para los  familiares, es que les den a sus hijos, las mismas oportunidades que al resto. El  ser discapacitado no los tiene que privar de aprender lo mismo de sus hermanos y en la misma edad que estos.

 

 

 

 

 

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