Conversaciones desde el campus


“El dinero sirve para hacer más Universidad”

Lleva catorce años al frente de una herramienta que les permite a investigadores, académicos (y al país), concretar unos sueños desaforados, más propios de científicos del primer mundo, que de esta centroamericana realidad.

Tiene una maestría académica en Administración Pública y una tesis sobre “vinculación remunerada”, un concepto que se podría traducir como: estrategias innovadoras para proyectar el trabajo y la investigación académica al resto de la sociedad costarricense.

Se llama Roberto Guillén y es el director de la Fundación UCR, una organización sin fines de lucro   –cuyo directorio lo integran el rector y los tres vicerrectores de la Universidad de Costa Rica (UCR) –   que logró construir el gigantesco búnker que albergará al Ciclotrón, un acelerador de partículas que será el instrumento estrella para controlar el cáncer y producir fármacos de bajo costo para la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

O estructurar la compra de una finca y del hato de caballos que utiliza el Instituto Clodomiro Picado en la producción de sueros antiofídicos, o importar los dosímetros que utiliza el Centro de Investigación en Ciencias Atómicas, Nucleares y Moleculares (Cicanum) para monitorear la seguridad radiológica en el país, o acompañar el proceso de patentar (en varios continentes) un novedoso descubrimiento -desarrollado por una investigadora costarricense- que le permitiría a la seguridad social ahorrar $2 millones al año, en producción de sueros.

El nombre y el trabajo de la Fundación UCR le ha generado no pocos enemigos entre quienes adversan que científicos de las universidades públicas tengan acceso a una poderosa palanca de asesorías y un robusto apoyo financiero que, según datos del Micitt, coloca  –por lejos–  al sector público a la cabeza de la investigación y el desarrollo científico del país.

Cuestionado por dirigir una supuesta “estructura paralela” que evade los controles de la administración pública, Roberto explica y defiende el concepto, los límites y métodos que la Fundación UCR utiliza para manejar su cartera de proyectos y asegura que el dinero que administran sirve para hacer más y mejor Universidad.

Otra de nuestras conversaciones en el campus.

¿Qué es la Fundación UCR y por qué la UCR necesita una fundación privada?

-La Fundación es un mecanismo que la Universidad ha venido desarrollando durante 28 años. Ha sido un proceso de aprendizaje de la misma Universidad sobre cómo utilizar un mecanismo que opera en el derecho privado, sin fines de lucro, para administrar los recursos que generan proyectos de vínculo externo de la UCR.

¿Por qué la UCR no lo puede hacer dentro de sus funciones ordinarias?

-La Universidad lo puede hacer por sus funciones ordinarias. Digamos sus funciones ordinarias académicas se hacen a través de sus centros de investigación, programas y otros. El tema es el manejo de los recursos, la gestión de los recursos. ¿Por qué? Porque la vinculación tiene que ser muy ágil. Para que previamente el conocimiento se convierta en el principal factor de producción, el traslado del conocimiento tiene que ser muy ágil. Los mecanismos internos de la Universidad forman parte de un modelo burocrático weberiano que tiene muchas ventajas, pero dentro de sus desventajas está precisamente que no son ágiles.

¿Un ejemplo específico en que hayan hecho la diferencia?

-Los proyectos reciben requerimientos de instituciones públicas, de campesinos que requieren algún trabajo y de empresarios que están necesitando que les solucionen un problema. Voy a citar un caso muy sencillo: los exportadores de piña hacia Alemania están teniendo el problema de que la piña les llega con un hongo blanco en la corona. Entonces desde Alemania se los devuelven. Vinieron a la UCR y plantearon el caso ante un centro de investigación. El centro encontró que, al cambiar la fórmula que se utilizaba en la cera protectora de la piña, se dio un problema. El asunto se resolvió cambiando la fórmula, los componentes químicos.

¿En qué intervino la Fundación?

-El grupo de productores necesitaba contratar al Centro de Investigación, había un contrato que redactar y había que captar los recursos. Esos recursos además había que utilizarlos en los insumos que se requieren para hacer los procesos de investigación. Había que comprar reactivos y se necesitaba comprarlos ya. Las compañías solo te dicen páguenme ya y yo le mando el reactivo. En la Administración Pública usted no puede hacer eso. Había que adelantar la plata, pagar seguros y otros. La importación de los reactivos, el manejo, el pago, recibir plata de los productores, contratar un técnico de laboratorio, y otros recursos se hizo a través de la Fundación y se debía garantizar al productor que la plata que ingresaba al proyecto se usaría para resolver el problema y garantizar el resultado. Había una relación contractual. La Fundación UCR respondía ante esa obligación. Entonces les cobramos a los productores por lo que se necesitaba (insumos y gastos) para resolver el problema.

¿Al costo?

-Al costo.

Ese laboratorio resolvió el problema del hongo y con la plata que quedó como excedente del proyecto (porque se calculó así) pueden comprar un cromatógrafo, microscopio.  ¿Así se hace?

-Exacto. Es una forma de decir: lo hacemos, le resolvemos un problema, gastamos lo que se requiere en recursos, pero además generamos ingresos que le permitan a la Universidad incrementar su capacidad para brindar ese tipo de servicios.

La fundación, los investigadores o técnicos, ¿reciben alguna ganancia?

-No. Cada proyecto tiene una cuenta. Nosotros hablamos de proyectos universitarios y de cuentas de la fundación. El proyecto universitario es aprobado por las vicerrectorías, su presupuesto es aprobado por la vicerrectoría y esa instancia de la UCR revisa y controla en qué va a gastar con un criterio científico. Y si hay  un remanente de ese proyecto los investigadores tienen que decir en qué lo van a utilizar: “del remanente voy a comprar el cromatógrafo, la pantalla, más equipo u otros”. No queda plata ociosa por ahí. De cada colón que entra, 15 céntimos van al fondo de desarrollo institucional que es plata de la Universidad, 5 céntimos van a pagar los gastos de la Fundación, 80  se utilizan en el proyecto para desarrollar la solución y para generar más capacidades para seguir creciendo. ¿Creciendo en qué sentido? Más capacidades de investigación y más transferencia. El modelo no tiene por ningún lado posibilidades de que haya dinero que se vaya a tener guardado o que se le dé a particulares.

Usted mencionó la frase “el vínculo remunerado externo”. ¿Qué es y cómo funciona?

-Son los proyectos que hace la Universidad para poner al servicio de la sociedad los frutos del quehacer académico. Por ejemplo, se da el curso de lechería de cabras. Los estudiantes aprenden académicamente todo sobre ellos. Como subproducto quedan cabras y leche. ¿Qué se hace? Se vende la leche.

¿Hay una marca de leche UCR?

-No. Generalmente se les vende a productores que puede ser que la comercialicen. Entonces ellos venden la leche y el suero. Incluso del suero hacen un vino de cabra. ¿Qué hacemos con los ingresos que genera eso? Se usan para mejorar las instalaciones, comprar nueva maquinaria, comprar medios tecnológicos para profesores y estudiantes, y otros. Es un ingreso adicional, un subproducto de la actividad académica que le permite mejorar las condiciones de investigación y transferencia. Aquí no se puede separar investigación y transferencia porque eso es lo que dice la ley. Está en la obligación de que si hace investigación tiene que transferirla.

 ¿Además de la leche, qué otras proyectos tienen?

-Por ejemplo, la extensión con los cursos de inglés. ¿Por qué la Universidad dando cursos de inglés? Hay una demanda social de mucha gente trabajadora o del sector institucional y empresarial, que quieren que las personas desarrollen sus capacidades laborales o personales.

Por ejemplo, Procter & Gamble y la empresa que trabaja en redes nos dijo que necesitan que la Universidad capacite a la gente en el programa de Cisco, pero que necesitan que esa gente salga hablando inglés. ¿Se puede hacer alguna combinación? Sí y si la gente dice que viene de la UCR los contratan de una vez. Ni siquiera los pasa por el proceso interno, sino que contrata directamente. ¿Por qué? Por la credibilidad de la UCR.

¿Armaron un combo con Cisco e inglés?

-Se negoció con la Escuela de Lenguas y con el Centro de Informática que maneja Cisco.  Hay diferentes grados de vinculación, está también lo que es investigación y desarrollo. Es decir, organizaciones, instituciones y empresas que le dicen a la Universidad que necesitan investigar en algún tema. Se llama investigación cofinanciada, porque son instituciones que le dan recursos a la Universidad para que ahonde en temas en los que ya se está investigando. Se hace con robótica y otro montón de cosas, desde creación de sueros, procesos de descomposición del plasma y otros.

Este modelo es opuesto al modelo de EE.UU. Allá, si la NASA necesita saber cómo subir un chunche a la luna, la empresa privada se pone a estudiar cómo y le dice que se puede hacer de equis manera y le cuesta tanto. Aquí el índice de investigación y desarrollo del Micitt revela que la mayor parte de la investigación y el desarrollo la hace el sector público.

Hace más investigación el sector público que el privado, porque las universidades públicas son los centros de mayor capacidad para hacer investigación porque así lo desarrolló nuestro modelo social.

Pero además se ha creado esa dinámica: en Costa Rica, si el sector privado necesita hacer investigación contrata a la universidad pública. Donde más se trabaja en la vinculación y ha sido más efectiva, es en el área agroexportadora. ¿Por qué? Porque ese ha sido el fuerte la UCR. Aquí las variedades modificadas de arroz, frijoles, palmito y pejibaye, papas, y todo lo que usted se imagina ha salido de la UCR. Lo que se come en Costa Rica, Centroamérica y el Caribe ha salido de la investigación de aquí. El dinero sirve para hacer más Universidad.

 ¿La Universidad está patentando?

-Se protege la propiedad intelectual pero no necesariamente se patenta. La patente no es necesariamente la mejor forma de proteger.

Una manera de medir la productividad de un país es ver cuánto patenta, cuánto conocimiento produce. Países como Corea y China registran una cantidad de patentes anuales monstruosa. Latinoamérica siempre ha estado muy rezagada en eso.

-Digamos que son patentes o mecanismos de propiedad intelectual. Tenemos el caso de una estudiante que está haciendo su posgrado en el Clodomiro Picado y desarrolló un procedimiento  para separar el plasma. Un procedimiento muy novedoso que abarata muchísimo ese proceso. Hasta ahora Costa Rica tiene que importar los componentes del plasma. Esa importación del plasma a la  Caja le representa dos millones de dólares al año.

La estudiante solicitó que AUGE la apoye. AUGE en conjunto con Proinnova son proyectos de la UCR. AUGE le ayudó a llevar el proyecto a concursar por los fondos de banca de desarrollo y ganó.

Uno de los requisitos que requería para acceder a banca del desarrollo era tener su proyecto patentado en Estados Unidos. Además de apoyar la incubación de la empresa, nosotros le dimos apoyo financiero para todo ese proceso de patentamiento y le adelantamos la plata, hasta que accedió a los recursos de banca de desarrollo.

Estamos hablando de una investigadora del Clodomiro Picado, en su etapa de tesis de maestría. Ella descubre algo y requería ayuda.

No solo necesitaba plata. Había que contratar abogados en Estados Unidos y en Europa, era todo un proceso. La Fundación se convierte en un mecanismo que no solo administra recursos, sino que también se convierte en uno de apoyo financiero.

¿Otro caso? El Cicanum. Hay unos aparatitos  llamados dosímetros que tienen un material interno que miden la radiación que reciben las personas expuestas a instrumentos con una base radiactiva, como odontólogos, médicos, radiólogos, etc. La Caja tenía problemas en ese sentido porque contrataba gente de afuera. El Cicanum nos dice “vea nosotros queremos hacer una contratación con la Caja”.

Entonces, los acompañamos en el proceso licitatorio, en la negociación contractual y en comprar los aparatos para dar el servicio. Había que dar el servicio durante un tiempo, había que financiar todo el proceso y después recibir los pagos. La Caja es una institución pública que no te va a pagar por adelantado. Hubo que hacer la inversión de comprar los aparatos por más de ¢200 millones. Nosotros hicimos todo el soporte financiero para que ellos puedan hacer la inversión e ir recuperando paulatinamente esa inversión.

¿Cuánta plata maneja la Fundación? ¿Dónde está la buchaca?

-Los proyectos anualmente van incrementando. Este año que pasó ingresaron ¢14.000 millones producto de esa transferencia de conocimiento. Esos recursos se mantienen en inversiones en el Banco Nacional, el INS y el Banco Popular.

 ¿La fundación escoge el tipo de investigación que va financiar o la  orienta?

-Nosotros somos un complemento. Un complemento en un área específica que  es la gestión de los recursos. La fundación no puede definir proyectos de investigación ni prioridades. De hecho no toma las decisiones en los proyectos. La fundación no puede decir “se tiene que gastar en esto”. Son los proyectos, con visto bueno de las vicerrectorías, los que dicen en qué se pueden gastar.

¿Es democrático el acceso a este apoyo? ¿Cómo hace un profe, un estudiante de la U para acceder a estos recursos si tiene una idea?

-En general el espectro es muy amplio. Van desde unidades que necesitan liberar proyectos de vínculo que le dicen a la fundación “apóyenme para generar este proyecto”. Recuerdo un proyecto que necesitaba equipo para fabricar materiales odontológicos que solo se importaban desde Puerto Rico. Nosotros hicimos el análisis financiero para ver si tenía lógica, vimos que sí y entonces se les compró el equipo y ellos comenzaron a producir. El préstamo que les hicimos a cinco años, lo pagaron en dos años. Eso resolvió una necesidad país. Ahora con lo de biodiésel, nosotros apoyamos a la planta.

Hay proyectos muy pequeños que necesitan apoyo muy específico, otros más grandes como Cicap y Cisco que necesitan de un edificio.

 ¿El dinero que administra la Fundación es público o privado?

-Vamos a ver. Los recursos los manejamos como fondos públicos. Para nuestros efectos lo manejamos todo como fondo público, no los cuestionamos. Porque independientemente de si es público o privado, tiene una ley específica que lo regula.

¿Al decir esto quiere decir que el tratamiento de controles y límites son los del sistema público?

-Son supervisados por la Contraloría General de la República. Tienen que obedecer a las regulaciones que establece la ley 7169 y a las disposiciones de la Contraloría. En los fondos públicos de la UCR, la Contraloría tiene que aprobar el presupuesto de previo y luego hace supervisión; en el caso de la Fundación lo que hace es aprobar la liquidación, pero sí hace auditorías.

 ¿Y la Contraloría Universitaria?

-La Contraloría Universitaria hace auditoría de los proyectos universitarios. Adicionalmente la fundación tiene un régimen de control bastante fuerte porque tiene, en primera instancia, una Asamblea General compuesta por 30 miembros de la comunidad universitaria. Esa instancia es la que ve la rendición de cuentas que hacemos anualmente y la que aprueba las estrategias de desarrollo de la Fundación. También hay una junta directiva que vela por los intereses de la Universidad y está compuesta por los tres vicerrectores académicos, más un representante de la Municipalidad y un representante de Consejo de Gobierno. Tenemos una fiscalía que está compuesta por tres miembros: uno de Derecho, otro de Ciencias Económicas y otro de cualquier área de la Universidad, quienes supervisan a la junta directiva y le rinden cuentas a la Asamblea General. Adicionalmente, tenemos un auditor interno que le rinde cuentas a la Junta y a los fiscales y un contralor externo que rinde cuentas a los fiscales.


CONVERSACIONES EN EL CAMPUS

DIRECCIÓN:

ERNESTO RIVERA

PRODUCCIÓN:

MONSERRAT CORDERO

FOTO:

KATYA ALVARADO

MONTAJE PARA WEB:

LUIS ARIAS y ANTONIO MORA


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