El tigre está en los ojos

El escritor Adriano Corrales, en este bello poema de homenaje, recuerda al poeta nicaragüense José Coronel, quien falleció el 19 de marzo de 1994.

El tigre está en los ojos

 

A Don José Coronel Urtecho

 

1.

 

No te conocí Don General

(no sé si decirte Don José el Poeta o Don Poeta el soldado)

es decir no hubo tiempo o el tiempo no me fue propicio

para la visión más feroz de tu mirada

 

Pero la visión acaba con el sueño

mientras destilás las cifras de mi triste ciudad

que confundiste con el cantón siendo ésta su cabecera

la chinfonía tropical de tus asombros

el enorme amor por la María

expandiéndose como tu nombre en la memoria

 

 

2.

 

La ciudad es más que triste Don Coronel

ahora que sabemos allá en Los Chiles

el olivar de los pájaros ya no existe

 

Y sin embargo la gente va

viene

como si no te hubieras muerto

 

No cambia nada o todo cambia

a pesar de tus poemas y la imagen profunda

en el Medio Queso de tu luna de palo

con su lluvia de cometas

 

Porque los periódicos los televisores

las radios

las parabólicas

continúan ladrando por colores duros

fechas negras elecciones de fantoches

y fronteras que se incendian

 

Pero nadie anuncia tu voz desde La Merced

tu ternura desde las callejuelas de Granada

tus pasos cósmicos por el planeta de las palabras

 

Nadie rememora el largo camino hacia vos mismo

hacia nosotros

escapándose siempre reencontrándose

en la noche clara de peligros

o regresando a ese presagio ciego de las iluminaciones

 

 

No recuerdan a la María escopeta en mano

o subida en su tractor Caterpillar D 4

vistiéndose de verde en los abriles

o en un marzo como éste en que nos venís a fregar

con tu penosa y prosaica muerte

 

 

3.

 

El día se muere con las mariposas rojas

que caen en cascada tras el Arenal

 

Todo nace y muere y nace

en el estallido escarlata del horizonte

mientras corren los ríos desde el lago hacia el Gran Lago

porque todos los ríos van a dar a la mar

 

Y todos los colores se mezclan

y los sonidos

la selva

el campo

la bajura

la ciudad

el tiempo son una inmensa melodía

 

Es la frontera de los árboles y el agua

cuando el último tigre salta y se evapora

 

Es el rugido de la vida

 

 

4.

 

Acá se quedan esos ángeles

– todo ángel es terrible –

esas mujeres bellas seductoras y cadavéricas

estas puertas que golpean se abren y se cierran

y todos los poetas que han sido

danzando con trapos en la avenida

 

Nada es el misterio y el misterio es tu tiempo

lo que no hiciste o no terminaste de hacer

esos pecados ligeros capitales

la niebla del San Juan las niñas bajo la nieve

 

¡El Capitán ya está muerto!

su funeral es un canto

Canto de guerra de todas las cosas

 

Canto y no me celebro corno en Solentiname

en la guerrilla florida

pastando sobre Merton en su monasterio

o las flores oblicuas de la tarde acribillada

por las serpientes de Managua

 

 

5.

 

El tiempo nos devora Coronel

nos tienta y nos devora

 

 

6.

 

La noche nuevamente es un presagio

una cruz de sangre un sobrevuelo de guitarras

 

Yo cabalgo con todos los cadáveres

por este desierto no inmune al aguacero

 

Solo mi mujer con su cabellera de fuego

su blancura de riesgo sobre el lecho

mis temores sobre la tumba

 

Solo Ella como María exorcizando nuestras travesías

estos pactos secretos brisa de marzo

en la corriente negra del tranvía

 

Solamente los madroños los sauces llorones

el pochote florecido la corteza amarilla

para resguardamos de la guadaña

de la fruta apetecida

 

Solo tu voz

tu mirada complicida

 

 

 

7.

 

Es la alborada de cuchillos

en la línea humedecida de la bajura

 

son los patos amarillentos

en la placidez del Caño Negro

los sahínos las dantas los armadillos

por la verdura dudosa del tiempo

 

Te llegan de Managua recortes de periódico

a la frontera de Cosía Rica, hasta el remoto sitio

donde estás retirado, en la margen de un río

y una selva sin nombre, que ni figuran en el mapa

 

 

ningún recuerdo basta

para tapar el hueco

de su ausencia

 

Y los potros azules retozando en tos playones

el ganado llenando de manchas la mañana

el campisto arreando centauros en el viento

como una cantata lejana triste como un invierno

 

Pero la muerte no interrumpe nada

 

 

8.

 

Somos habitantes de la Gran Llanura

estamos lejos ahora

solo por circunstancias temporales

 

Esta casa podría ser tu casa en La Hacienda Las Brisas

o mi casa nuestra casa

 

Entre llanos y selvas y ríos

en un lugar perdido

adonde solo llega dos o tres

veces por semana el avión que te lleva esta carta

 

Somos habitantes y no sé si lo que escribo

es una carta o reinvento tus poemas

los transcribo en la piel de una ceiba

o simplemente en el lodo del tiempo

 

No sé si te escribo o si platicarnos sobre ese frágil limite

esa frontera que nos separa y nos acerca

mientras la noche se ilumina con fogonazos de la Contra

o de los compas o son relámpagos

o si todo es un solo instante flash para una fotografía

 

No sé si estamos chorreando barro cuando

salimos de este suampo con los mosquitos ardientes

y la guardia tras nosotros o todo es un espejismo

un vidrio roto en la memoria

como la lancha que pasa rauda por el San Juan

y nos recuerda a tu mujer pelirroja y alta como el atardecer

 

Todo cabe pues ahora en este deletrear las líneas de tus manos por la selva

colmada de homicidios sin que los poetas se enteren

los artistas

los artesanos

los músicos

los obreros

los maestros

los sabaneros

las putas

los traficantes

los mendigos

los policías

los enamorados

los suicidas

los guerrilleros

los parques

la lluvia

la perenne lluvia de este aguacero

porque vos sabes que mi llanto fue de lágrimas

                 y no de perlas

 

 

9.

 

Tal vez ya sabías que solo en la oscuridad están los dioses

y que la claridad puede ser obscura

que las diferencias existen solo en uno mismo

esa lucha por descubrimos más adentro mas lejos

 

O tal vez no lo sabías

¡cuánto me ha costado hacer esa “O”!

pero presentiste el rayo que no cesa

la tormenta sobre Barra del Colorado

el huracán contra la Costa Atlántica

el agua que corre purificando los crucifijos

las vírgenes del maíz las voces que nos interrogan

 

O tal vez todo estaba – ¡Otra vez la O! –

en la imagen repetida / bastón / boina / río / sonrisa

figura de roble frente al sol claro símbolo de la noche

mecedora oscilante en el terror del vacío

 

 

10.

 

La sombra de mi padre en la corriente del río

en Boca de San Carlos transcurre y se detiene y transcurre

corno las palabras en un sueño

 

Así también tu geografía de niño / hombre

maestro / chaman –  nagual / inevitable paisano

 

Así tus extravíos por otras líneas de otras manos

porque escribir era vivir o al revés

o lo mismo

porque moriste en silencio sin darnos cuenta

autoexiliado

sin panegíricos ni corbatas de polietileno

páginas de suplencia o pantallas de arena

 

Todo como el río y la luz del agua

el volcánico golpe en la desembocadura

 

Como el río porque todo tiene fin

pero no tienen fin

las cosas del corazón

 

 

11.

 

Y si tú me preguntas como es que siento tu partida:

tal como caen las flores al terminar la primavera,

            confusamente, en agitado remolino

 

 

12.

 

Así es como te palpo

te escribo

te platico

me platico

me escribo

me palpo

me escarbo

así Don Coronel Don Poeta Señor de la Poesía

venado frente al cazador

pájaro en la oscuridad haciéndole hoyos a la nada

a mí Nicaragua a tu Costa Rica

a este silencio de campanas a estos tugurios del alma

 

Así me duelo me sufro me lloro

 

Así me naufrago me libero me esclavo

y te dedico estos golpes o susurros

casi tentado a brindar por lo que vivimos

y no vivimos o lo que pudimos vivir

– ¡siempre la bendita “O”! –

o debimos vivir o beber

como tu rostro o tu abrazo

tu respirar de animal cósmico

tu arado de tiempo tu estatura de cielo

jinete de la aurora campisto de lo que viene

y entonces exijo que la tentación no sea una palabra

sino un brindis un embriagarme con vos

después de esta larga y dolorosa plática con la sangre

 

0 comments

Otros Artículos

*Extracto de informe técnico disponible en: https://www.researchgate.net/profile/Helven_Naranjo/contributions

La vida yobra de José León Sánchez es, sin duda alguna, el reflejo de un gladiador que luchó y venció en mil y una batallas

Las librerías de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) solo utiliza sus propios canales para tratar de alcanzar a su público lector