El presidente que renunció a la UCR

El 7 de febrero de 1966, la prensa nacional informó que el profesor José Joaquín Trejos Fernández había resultado electo presidente

El 7 de febrero de 1966, la prensa nacional informó que el profesor José Joaquín Trejos Fernández había resultado electo presidente, tras un ajustado conteo de votos que le otorgó, tan solo, un uno por ciento de ventaja frente a su contendiente Daniel Oduber Quirós.

A causa del reducido margen, que facultó la silla presidencial a un docente de la Universidad de Costa Rica (UCR), el mes completo estuvo caracterizado por un convulso escenario, apaciguado con la publicación del fallo oficial del Tribunal Supremo de Elecciones, dado a conocer en La Nación del 27 de febrero.

A ese fallo le siguieron dos pronunciamientos publicados en el mismo diario, que calmaron los ánimos de los electores: la felicitación de Francisco Orlich Bolmarcich, a quien Trejos Fernández sucedería y la admisión de la derrota, publicada por Oduber Quirós el primero de marzo de 1966.

Pero no solo la victoria de Trejos Fernández se caracterizó por un escenario de agitación política. En abril de 1970, a pocos días de entregar el mando presidencial al caudillo liberacionista José Figueres Ferrer, las protestas en contra de la empresa Aluminum Company of America (Alcoa), otorgaron a sus últimos días como presidente de la república un convulso contexto, evidenciado en las movilizaciones de los estudiantes de la UCR, institución a la que el presidente regresaría como profesor luego de su mandato.

¡ALCOA NO!

Aunque en la UCR el sentimiento contra Alcoa había empezado a ser difundido desde 1968, no fue sino hasta marzo y abril de 1970 que tal descontento fue materializado en protestas que ocuparon de manera intermitente las calles de la capital.

En ese contexto, la consigna de ¡ALCOA NO! ocupó las voces juveniles, que, influenciadas por un proceso global de revueltas estudiantiles, intentaron poner fin a un contrato que parecía no tener solución en manos adultas.

Aquel grito juvenil se intensificó el 22 de abril de 1970. Ese día, diarios como La Hora, La República y La Prensa Libre, dedicaron sus portadas a informar que un sector del estudiantado se mantendría en huelga frente a la Asamblea Legislativa para seguir de cerca el debate sobre Alcoa.

Tras extenderse por dos días, la tarde del 24 de abril aquella discusión ofreció un resultado beneficioso para la empresa, cuya inclusión a la economía costarricense fue firmada por Trejos Fernández esa misma noche, no sin antes ordenar a la policía dispersar la protesta.

La dispersión fue exitosa; al final del día la policía había detenido a unos 300 manifestantes, provocando una movilización dentro de la UCR para “procurar la libertad de los estudiantes detenidos en los disturbios del 24 de abril”, tal y como informó La República del 28 de abril.

Entre la noche del 24 y la tarde del 30 de abril, los estudiantes barajaron métodos de presión para propiciar la liberación de los detenidos. Uno de ellos, noticia en La Prensa Libre del 27 de abril, consistía en pedir “la destitución de varios profesores universitarios”, quienes como legisladores se opusieron “rotundamente a la no aprobación del contrato”. Entre ellos “Carlos José Gutiérrez Gutiérrez, Decano de la Facultad de Derecho y José Luis Molina Quesada, también profesor universitario” y presidente de la Asamblea Legislativa.

Protesto

Aunque su nombre no figuró formalmente en la lista de profesores cuya destitución solicitaban los dirigentes de la huelga, el 29 de abril, La Hora, La República, La Prensa Libre y La Nación hicieron eco del discurso pronunciado el día anterior por Trejos Fernández, donde mencionaba que “si los demás costarricenses pueden protestar, yo también soy costarricense y lo puedo hacer”.

La primera plana de La Hora también reprodujo las palabras del presidente de la república, quien afirmó que el “rosario de quejas” estudiantiles le hacían renunciar a su puesto como docente de la UCR. La Prensa Libre reiteró tales palabras, al mencionar que aquella decisión era una “renuncia irrevocable” a la UCR, debido a que en días anteriores “los estudiantes pedían que se me declarase non-grato”.

Según el presidente, su protesta buscaba posicionarse en contra de los estudiantes en huelga, que querían falsear el “Estado de Derecho” y destruir “la convivencia social en Costa Rica” que haría posible “la libertad de todas esas personas” detenidas. Protestaba también porque “la continuación del estado de huelga” tenía el objetivo de “mantener la agitación” y extenderla “hasta los actos de traspaso de poderes”.

Tristeza

Tras su renuncia, el editorial del 29 de abril de La Hora opinó que el presidente “no ha de darse por tan ofendido porque uno o algunos jóvenes digan que debería declarársele non grato”. El mismo día, en una entrevista con La Prensa Libre, el rector de la UCR, Carlos Monge Alfaro, dijo que “uno de los que lamenta la renuncia del señor presidente… soy yo”, puesto que además de la “calidad académica y científica que lo adornan”, participó “conmigo en el desarrollo de la Universidad” por “más de 20 años”.

El mismo día, La Hora informó que “Trejos firmó ley a favor de Alcoa en menos [de lo] que canta un gallo”, y al día siguiente La Prensa Libre comunicó que la liberación de los detenidos propiciaba el deceso de la huelga para el primero de mayo, pero que en la universidad reinaba la “tristeza… por la renuncia presentada por el presidente Trejos”, puesto que “hubiera sido ventajoso tener un ex-presidente como catedrático”.

Irrevocable

A pesar de su protesta, La Prensa Libre del 30 de abril informó que Trejos Fernández, no había “presentado su renuncia ante el Consejo Universitario”, lo cual, según La Nación del 6 de mayo, motivó la formación de “un movimiento muy fuerte de estudiantes” que estaba en contra de quienes “se tomaron la libertad de… declarar ‘non grato’ al Presidente de la República”.

Tal reacción se debía a que antes de ser presidente, la labor de Trejos Fernández como docente y decano había resultado fundamental, en las facultades de Ciencias y Letras y de Ciencias Económicas y Sociales, labor rescatada en una carta del Consejo Universitario publicada en La Nación del 7 de mayo, donde se solicitó al presidente que, a pesar del “carácter irrevocable… considere la renuncia planteada”.

Tal irrevocabilidad fue sostenida por La Nación del 8 de mayo de 1970, día del traspaso de poderes. El medio afirmó que, a pesar de sentirse agradecido con el Consejo Universitario por “su petición”, para Trejos Fernández “todo seguirá igual con respecto a la Universidad… su renuncia sigue en pie… descansará, luego preparará un libro y el otro medio tiempo lo trabajará en la Librería Trejos”.

Posiblemente, si en los albores de la década de 1970 el presidente hubiese contado con la misma facilidad que existe en el presente para leer las opiniones de las personas, la duración de su notable gobierno se habría reducido considerablemente.

(El autor es alumno de la Maestría en Historia de la Universidad de Costa Rica)

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