La Historia leída como una novela

Igual que las buenas novelas, muchos libros de historia pueden ser leídos con placer, aunque el lector no sea docente o investigador de esa materia

Manifiesto por las ciencias sociales

La Historia es una literatura contemporánea:

Iván Jablonka

Ensayo

Fondo de Cultura Económica

2016

348 págs.

Igual que las buenas novelas, muchos libros de historia pueden ser leídos con placer, aunque el lector no sea docente o investigador de esa materia. Otros, en cambio, dirigidos a un público profesional, están escritos en un estilo académico estandarizado –o mejor en un “no estilo” – que hace del texto una especie de ropaje neutro que “viste” los resultados de una investigación.

El libro La Historia es una literatura contemporánea de Iván Jablonka rastrea las relaciones entre literatura e historia, vínculos tan fuertes que subsisten aún tras el divorcio entre la historia y las “bellas letras”, acaecido entre fines del siglo XIX y principios del XX, y necesario para que la primera consolide su estatus de ciencia social. Más aún, postula que la historia, si quiere cumplir su rol de construcción de conocimiento útil a la sociedad, debe ser una forma de literatura, entre otras razones porque no puede evitar serlo.

No se trata de que Jablonka adhiera a las tesis posmodernas de que el relato histórico es un discurso cerrado, es decir, una mera expresión de la subjetividad y/o la ideología del autor, sin contacto posible con realidad fáctica alguna. Por el contrario, cree que el historiador puede construir conocimiento ateniéndose con rigor a las fuentes, que son los vestigios rescatables del hecho pasado inasible. Asimismo, siguiendo a Karl Popper, sostiene que el historiador debe razonar postulando hipótesis plausibles acerca del hecho que trata de comprender, para de inmediato atacarlas con ferocidad, dando por válidas –y luego echándolas al ruedo del público lector, académico y común– las que sobrevivan a esa prueba.

La historia no es ficción, pero es relato. No es ficción, pero usa “ficciones de método”, como la ya mencionada postulación de hipótesis, que no están en la realidad, pero se aplican a ella a posteriori tratando de explicarla. Al igual que una buena novela, el relato histórico puede producir en el lector una epifanía, una comprensión de verdades, generales y/o personales. Al igual que el novelista o el poeta, el historiador puede iniciar su proceso investigativo en respuesta a un suceso que lo afecte en lo subjetivo (en el caso de Jablonka es crucial el no haber conocido a sus abuelos paternos, judíos comunistas asesinados por el nazismo).

Respetuoso del lector común, del valor cognitivo de la literatura de ficción y de la utilidad social y democrática de la investigación histórica, Jablonka defiende una escritura de la historia que, más que “vestir” los resultados de la investigación, revele el razonamiento de esta, para que el lector reconstruya y eventualmente critique proceso y resultados. En una época en que Internet llega a gran parte de las fuentes en cuestión de segundos, resulta poco ético que el historiador presente trabajos rigurosos solo a sus pares y evitando elaborar para el lector no especializado meros trabajos de divulgación, simplificados. Si no les deja esa tarea a los escritores de historia novelada.

Coherente con lo que propone, Jablonka aportará a quienes superen la relativa aridez de la introducción un verdadero tesoro de erudición, agudeza y argumentación, a la vez rigurosa y apasionada. Y lo dejará con ganas de leer e investigar.

Tomado de El País Cultural

 

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