Estéticas del borde, políticas del desborde

En Estéticas del borde. Prácticas artísticas y violencia contra las mujeres en Latinoamérica (EUCR, 2016)

Claudia Mandel Katz

Estéticas del borde. Prácticas artísticas y

violencia contra las mujeres en Latinoamérica

ensayo

EUCR

2016

269 p

En Estéticas del borde. Prácticas artísticas y violencia contra las mujeres en Latinoamérica (EUCR, 2016),  Claudia Mandel  presenta una interesante aproximación al arte feminista contemporáneo producido en América Latina, con la cual prolonga y enriquece una trayectoria de investigación que inició con su libro Mapa del cuerpo femenino (2010), el cual estuvo dedicado a estudiar una muestra de mujeres artistas de la región centroamericana.   En esta nueva y esperada publicación, la historiadora de arte de origen argentino y afincada desde hace ya varios años en Costa Rica, realiza un minucioso trabajo de interpretación  de un conjunto de propuestas artísticas de factura reciente que tienen en común su posicionamiento en alguno de los tantos bordes en los que, en América Latina, se entrecruzan y entran en tensión el arte y la política.

El texto está estructurado en dos partes, definidas en función de las formas de violencia que aquejan a las mujeres de nuestra región, violencias que la autora categoriza como directas e indirectas.  Cada una de las partes así organizada explora el tratamiento artístico de un conjunto de bordes de indudable contenido político que Mandel identifica y en los cuales las artistas seleccionadas trabajan con el propósito explícito de deconstruirlos.  Corresponde a las formas de violencia indirecta los bordes de lo puro/lo impuro, las sujetas/las sujetadas y los bordes culturales; las formas de violencia indirecta se exploran en los bordes entre la vida/la muerte, la memoria/el olvido, la identidad/la desidentificación y, finalmente, los bordes del infierno.

Como estrategia metodológica, cada capítulo está dedicado a una obra principal,  la cual es sometida a un análisis tanto formal como conceptual, incorporando además una indagación de la intencionalidad de sus autoras, para lo cual se recurre a entrevistas.  El texto, que enriquece ese acercamiento inicial añadiendo posteriormente algunas otras propuestas artísticas que introducen matices en cada problemática tratada, explora las formas artísticas de deconstrucción feminista de lo patriarcal en cada uno de los bordes identificados.  Desde esta perspectiva crítica, la práctica artística es concebida como una actividad subversiva, en términos artísticos y políticos o, mejor dicho,  como una acción políticamente subversiva en tanto práctica artística contemporánea.

El énfasis reposa en la manera en que las obras operan sobre conceptos o problemas mediante formas y materiales, pues se parte de la premisa de que el objetivo artístico no es producir  objetos,  sino desestabilizar el territorio fronterizo en el cual se definen, desde la gran política pero también desde lo cotidiano, las coordenadas de la condición femenina contemporánea.   Cada una de las piezas estudiada puede considerarse, entonces, una toma de posición doble, artística y política, con el fin de cuestionar  la norma sobre lo genérico que prevalece en ambos campos mediante la producción de una propuesta cuya eficacia resulta de su relevancia estética y de su efectividad política.

Esas mujeres y artistas se ubican a contrapelo en los bordes sólo para transgredirlos, con el fin -diremos citando a Walter Benjamin- de producir imágenes dialécticas que deconstruyan la violencia patriarcal y los discursos que pretenden legitimarla y reproducirla, incluidos los cánones artísticos que regulan la producción, circulación y recepción de las obras.  Entre el estilo y la táctica, la producción artística y el activismo feminista, estas subjetividades actuantes  se enfrentan a los distintos modos en los que el patriarcado se materializa y ejerce su fuerza opresora sobre los cuerpos y las subjetividades femeninas.

Contrario a la violencia patriarcal, que ejerce su poder pastoral –Foucault- para relegar a las mujeres al silencio (en Costa Rica la fórmula para lograr ese objetivo es “Calladita más bonita”) o las conmina a permanecer en la sombra (en la España franquista la fórmula para ello era “La mujer casada y honesta, con la pata quebrada y en casa.”), estas artistas latinoamericanas, de manera individual o colectiva,  se sacuden de todo tutelaje, terrenal y divino, e irrumpen en el espacio institucional del “cubo blanco”, toman la calle, habitan el ágora, perturban la escena pública, ejercen soberanía sobre su propio cuerpo y hacen oír su voz rebelde, a veces con estridencia, otras con sutileza, reivindicando su “derecho a la ciudad”.

Recordando la distinción que hace Michel de Certeau, diremos que estas mujeres artistas, como sujetos subalternos, ejecutan acciones “tácticas” con el fin de subvertir las “estrategias”  que, monopolizando el saber y el poder legítimo, operan los dominantes para imponer un orden patriarcal.  La autora estudia cómo las artistas deconstruyen los trazados estratégicos patriarcales, los cuales remiten permanentemente a otros bordes, ampliamente tematizados por la crítica feminista, que delimitan y asignan lugares sociales para lo masculino y lo femenino:  cultura/naturaleza, público/privado, sujeto/objeto.

Por todo lo señalado, Estéticas del borde es un importante aporte a la visibilización de la producción artística feminista latinoamericana contemporánea, pero también a su interpretación crítica.  El libro ofrece  un conjunto de lecturas densas que nos invitan a mirar con detenimiento y a reflexionar sobre las problemáticas que aborda (y desborda) cada una de las propuestas estudiadas, así como sobre las formas que las mismas ponen en movimiento para subjetivar lo que la sociedad patriarcal niega y condena al olvido y al silencio, para nombrar sin temor lo que las “buenas costumbres y la moral” prefieren callar, para decir de otro modo lo ya enunciado con eufemismos políticamente correctos.

El libro de Claudia Mandel es una valiosa contribución destinada a producir -como destaca la autora en términos autobiográficos en las conclusiones-  múltiples efectos entre su público, que esperamos sea abundante y crítico: efectos estéticos y políticos,  pero también teóricos y vitales.  La lectura de esta importante obra estimulará la sensibilidad y enriquecerá la reflexión, aportando a la construcción de nuevas subjetividades, femenina pero también masculina, que sean capaces de trascender el orden de género vigente, abatiendo aquello que Robert(a) Connell ha denominado masculinidad hegemónica y feminidad sometida. El libro nutre las subjetividades rebeldes que apuestan por un orden social pospatriarcal con los aportes que el arte contemporáneo feminista latinoamericano ha hecho para comprender y contestar las múltiples manifestaciones de la violencia patriarcal que desgraciadamente caracteriza al “capitalismo gore” (Sayak Valencia) y a nuestra “modernidad cruel” (Jean Franco).

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