1948: Memoria y novela

A partir de una investigación antropológica “sobre los veteranos de la guerra civil del 48”, conducida por el Dr. Alejandro Barquero

La sed de los días

Celso Romano

Novela

BBB Producciones

2017

A partir de una investigación antropológica “sobre los veteranos de la guerra civil del 48”, conducida por el Dr. Alejandro Barquero, con los historiadores Rubén Juárez  y Beltrán Salas, tenemos la oportunidad de conocer la historia de vida de Teodoro Villegas Ulate, también conocido como Teo, Doro y David, seudónimo político, este último, durante la compleja guerra civil de 1948 con sus errores, excesos y horrores.

“Teodoro nació en 1920 en San Isidro de Coronado en un hogar muy pobre y combatió en el bando del Gobierno durante la guerra civil del 48 –Teodoro era militante del partido Vanguardia popular -. Desempeñó los oficios más diversos: desde repartidor de carbón en Coronado a obrero de una siderúrgica en Puerto Ordaz, en el oriente de Venezuela, pasando por peón cañero y mecánico en un ingenio de Grecia, operario de la Compañía Bananera en la zona sur, botero en los caudalosos ríos del norte costarricense, en el San Juan y el Lago de Nicaragua, electricista de mantenimiento en un hotel de Caracas… En su infancia recolectó café en fincas de Guadalupe, Moravia y Curridabat junto a su padre. Y a su llegada a la capital venezolana laboró en la construcción. Y fue conserje y camillero en el hospital san Juan de Dios, un trabajo muy a propósito – o muy a despropósito, depende de la perspectiva – para un antiguo combatiente. Y, justamente, Teodoro Villegas siempre amó esta palabra, combatiente, y cuanto ella connota. Y esta palabra, según él, lo definía – quienes lean su testimonio le darán la razón sin chistar-.” (La sed de los días, Prólogo del Dr. Alejandro Barquero, págs. 8-9).

Bajo ese manto académico, que justifica incluso su tipografía, se desenvuelven las acciones de esta bien escrita y estructurada novela que hurga en las heridas abiertas por la contienda bélica durante el año clave de 1948. Celso Romano (seudónimo de Francisco Rodríguez Barrientos) nos confronta con los horrores de la guerra civil y sus secuelas: fusilamientos, ejecuciones sumarias, aplicaciones falsas de la ley de fuga, persecuciones, torturas, violaciones de mujeres frente a familiares, asesinatos a mansalva, etc. Es decir, nos enfrenta a una realidad oculta y borrada por la historia y la historiografía nacional, léase oficial.

Pero, además, a través de la historia de vida de su personaje central, nos presenta el marco casi salvaje de la colonización de la bajura sancarleña y del norte de Costa Rica. Asistimos a la brutal experiencia de este hombre frente a un caporal, gamonal o, sencillamente explotador, violador y asesino (Isaías Reyes Campoamor), quien administra su hacienda cual señor feudal con siervos en vez de peones, y se permitía la violación de mujeres y la desvalorización de varones sin que nadie se le enfrentara. (Me recuerda, por cierto, a algunos de esos seres entrevistos en mi lejana infancia rural). Es matoneado, por supuesto, y el lector, de alguna manera, lo agradece.

Esos acontecimientos, enmarcados en paisaje ribereños exuberantes y paradisiacos (hoy la deforestación acabó con ellos), más otras peripecias del trabajador/narrador, va cimentando la conciencia social y política de Teodoro, hasta que, de manera orgánica, termina militando en el partido Vanguardia Popular, ya de obrero en la United Fruit Company en el Pacífico Sur costarricense. Es, por ello, una novela de formación, ya que antes hemos conocido artesanos y obreros anarquistas, militantes comunistas, los primeros escarceos de amor de Teodoro, el cual, por su vida errante, debe conformarse con mujeres en toda suerte de prostíbulos.

A medida que se forja la conciencia sociopolítica e ideológica del personaje, se cimienta su cultura a través de los viajes y de las lecturas. Teodoro se convierte en un lector voraz, siempre encuentra maestros que lo orientan en sus pesquisas históricas, filosóficas y literarias. En el viaje por la vida de este singular personaje, vamos también tomándoles el pulso a momentos importantes de la historia social del país, en diversas localidades y regiones (muchas de ellas inéditas en nuestra literatura), a sus particularidades en cuanto a la conformación de fuerzas sociales y bloques políticos. Viajamos hasta la Venezuela del dictador Pérez Jiménez con su represión, crímenes y terrores, lo que le brinda cierta actualidad a la narración.

Por demás, el sustrato de la novela nos coloca frente a disímiles identidades de eso que llamamos lo costarricense. Ya sin folclor y sin realismo socialista – sin ninguna tesis que probar-, la novela transcurre con una verosimilitud sólida que provoca el que sigamos interesados en su lectura y en el epílogo de la vida de Teodoro y sus seres queridos. He aquí una apasionante novela de un período de la historia patria poco frecuentado por la literatura criolla, que se atreve con momentos desconocidos para muchos posibles lectores, especialmente jóvenes.

En buena hora este autor con seudónimo tan sui géneris, nos entrega una de sus novelas, la cual recomiendo sin ambages. Sé que vienen más, por lo que desde ya las saludo y las espero. (En su prólogo el autor anuncia una trilogía llamada “Malinconia”). Deseo subrayar, como lo hiciera en una reseña anterior, que, felizmente, sobreviene un narrador robusto y bien dotado en el amplio panorama de la novela costarricense y centroamericana. ¡Albricias!

 

 

 

 

 

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