100 años de De Stijl

Holanda abandona su emblemático color naranja y se tiñe de rojo, azul y amarillo para celebrar este año el centenario de uno de los movimientos

Holanda abandona su emblemático color naranja y se tiñe de rojo, azul y amarillo para celebrar este año el centenario de uno de los movimientos de arte y diseño más radicales de la historia, que supuso la principal contribución de este país a la cultura del siglo XX. Tomó su nombre de la revista De Stijl, que Theo van Doesburg publicó en Leiden en 1917: invitó a escribir en ella a artistas de vanguardia que se convirtieron en sus miembros. El nuevo arte que reclamaban se caracteriza por el uso de la geometría (líneas verticales y horizontales) y los colores primarios. A la ruina, desolación y oscuridad que dejó la I Guerra Mundial ellos respondieron con una explosión de color y creatividad.

Si 2015 fue el Año Van Gogh y 2016 el Año el Bosco, 2017 es el Año De Stijl. Hay más vida en el arte holandés después de Rembrandt, Vermeer, el Bosco y Van Gogh, su póquer de estrellas. Se ha organizado por todo el país un amplio programa de eventos bajo el lema “Mondrian y el diseño holandés. Cien años de De Stijl”. La icónica paleta tricolor, seña de identidad del neoplasticismo, sigue en plena vigencia cien años después. Su espíritu lúdico y optimista está presente en todos los campos artísticos: arquitectura, mobiliario, publicidad, vídeo, diseño, moda… Yves Saint Laurent le dedicó a Mondrian una mítica colección en 1965.

La Haya es un destino ineludible para todos los amantes de De Stijl. La fachada del ayuntamiento luce sus colores como homenaje. El Museo Municipal, cuya sede es un icónico edificio Art Déco, obra de H. P. Berlage, atesora la mayor colección del mundo de obras de Mondrian (más de 300), que se nutre, principalmente, de los dos mayores coleccionistas del pintor: Salomon Slijper y Albert van den Briel.

En 1998 el Banco Central holandés donó al Estado los 80 millones de florines (unos 35 millones de euros) que costó «Victory Boogie Woogie», la última pintura de Mondrian, que dejó inacabada cuando murió, a causa de una neumonía, en 1944. «Muy pocos artistas se han reinventado tan a menudo como lo hizo Mondrian. Desde sus paisajes realistas hasta sus abstracciones geométricas icónicas, completó un verdadero viaje de descubrimiento a través del arte moderno», dice Benno Tempel, director del Museo Municipal de La Haya.

Del 10 de febrero y hasta el 21 de mayo, este museo acoge la exposición Piet Mondrian y Bart van der Leck. Inventando un nuevo arte, con la que arranca el Año De Stijl y que confronta 80 obras de estos artistas. Fue muy corta (apenas tres años), pero decisiva la colaboración de los dos principales pintores del movimientoPiet Mondrian y Bart van der Leck, que se influyeron y retaron recíprocamente. Coincidieron en el pueblo holandés de Laren, entonces una colonia de artistas. El uso de los colores primarios de Van der Leck entusiasmó a Mondrian (hoy quizá le habrían acusado de plagio o apropiación indebida). Hasta entonces sus tonos eran pasteles y apagados. Sin Van der Leck, Mondrian no habría sido el mismo. Su deuda es, pues, enorme, como queda bien patente en la exposición. Como contrapartida, Mondrian le inspiró a Van der Leck en su búsqueda de la abstracción.

El artista más internacional del grupo es, sin duda, Pieter Cornelius Mondriaan (acabó simplificando su nombre, al igual que hizo con sus obras, como Piet Mondrian). Nació en Amersfoort en 1872. Su casa natal, donde vivió hasta los 8 años, está actualmente cerrada por obras de remodelación. Reabrirá el 7 de marzo. Allí cuelgan diez de sus obras tempranas (paisajes y bodegones) y se recrean sus estudios de París y Nueva York. De los 8 a los 20 años vivió en Winterswijk en una casa conocida hoy como Villa Mondrian. Allí aprendió a dibujar y pintar de la mano de su padre y su tío.

Los trabajos de Piet Mondrian se iban haciendo cada vez más abstractos, hasta llegar a sus archifamosos cuadros formados por planos horizontales de colores primarios separados por líneas negras muy marcadas. Los titulaba «composiciones». Fue en París donde cambió completamente de rumbo y halló en el cubismo (de la mano de Picasso y Braque) la llave para abrir las puertas de la abstracción. Se distanció del grupo cuando mostró su desacuerdo con Van Doesburg sobre el uso de las líneas diagonales. Mondrian también pasaría por Londres y Nueva York. Gran aficionado al jazz, llevó el ritmo a sus cuadros: los colores, las líneas… Fue amigo de Peggy Guggenheim, considerada, junto a Nelly van Doesburg (música y artista vanguardista con quien se casó Theo van Doesburg), las mujeres del movimiento De Stijl. Independientes, rebeldes y apasionadas por el arte moderno y abstracto, les dedicará el Rijksmuseum de Ámsterdam una exposición en octubre.

Compañeros de viaje      

Pero Mondrian no viajó solo en esta aventura. Entre sus compañeros de viaje, el citado Bart van der Leck (Utrecht, 1876), que había trabajado desde los 15 años en talleres de vidrieras en su ciudad natal. Pintor, diseñador y ceramista, admiraba la simplificación formal del arte egipcio. Theo van Doesburg (Utrecht, 1883), pintor, arquitecto y crítico, hizo, junto a Cornelis van Eesteren, diseños para la icónica y cubista Maison d’Artiste (1923), que nunca se construyó. Su prototipo podrá verse en Leiden. Entre sus proyectos más célebres, las 16 casas que diseñó en el conocido como barrio de los papagayos de Drachten. Una de estas casas se abrirá al público el 1 de junio.

Otros miembros de De Stijl fueron J. J. P. Oud, Vilmos Huszár y, especialmente relevante, Gerrit Rietveld (Utrecht, 1888), que comenzó a trabajar en la carpintería de su padre a los 11 años. Creía que los muebles que se hacían eran muy pesados y caros y revolucionó el mercado produciendo otros más simples y accesibles. Como su icónica Silla roja y azul (1923). Otro de sus logros es La Casa Schröder, también en Utrecht, joya arquitectónica de De Stijl. Fue un encargo de Truus Schröder. Realizada en 1924, fue muy innovadora por el uso que hacía del espacio y la luz. Ventanas horizontales, puertas deslizantes, gran presencia del color, formas geométricas… Parece una obra tridimensional de Mondrian. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2000.

El célebre diseño holandés, cuyo epicentro se halla en Eindhoven, es heredero de De Stijl. Como este, es minimalista, experimental, innovador y tiene un gran sentido del humor.

Tomado de ABC.

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