Trumpticos

El año 2016 será recordado por dos desenlaces políticos que podrían tener consecuencias de largo aliento.

El año 2016 será recordado por dos desenlaces políticos que podrían tener consecuencias de largo aliento. Uno fue el referéndum en el Reino Unido, que dio mayoría a quienes apoyaban la salida de la Unión Europea. El otro fue el triunfo de Donald Trump en las elecciones  de los Estados Unidos. En ambos casos, el sentimiento antiinmigrante es una de las banderas principales.

En las primeras semanas de gobierno, Trump pretendió impedir el ingreso de personas residentes, originarias de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Y a quienes fueran refugiadas de nacionalidad siria se les cancelaría su derecho a permanecer en los Estados Unidos. Estas dos acciones ejecutivas quedaron sin efecto por una decisión de una corte federal de apelaciones. También emitió una acción ejecutiva para deportar personas en condición migratoria irregular con menos de tres años de vivir en los Estados Unidos. Construir un muro a lo largo la frontera entre México y Estados Unidos ha sido la promesa más constante. Independientemente de que estas decisiones tengan o no alcances concretos, han activado la xenofobia y el racismo en diversas regiones del mundo.

Es aún temprano para estimar si lo acontecido en el Reino Unido y en Estados Unidos es el inicio de un nuevo ciclo político, como lo fueron en su momento la elección de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en 1979 y 1980, respectivamente. Mucho dependerá de cómo y cuánto se pueda expresar este sentimiento antinmigrante en las próximas elecciones que se llevarán a cabo en Holanda, Francia y Alemania. El Partido de la Libertad en Holanda, el Frente Nacional en Francia y Alternativa por Alemania podrían o no reconfigurar el escenario internacional.

Mientras tanto, la retórica antiinmigrante también encuentra eco en la coyuntura electoral en Costa Rica. Otto Guevara fue el primero en capitalizar el triunfo de Trump. Si bien Guevara no cesa de apoyar las políticas de apertura comercial y Trump las adversa, predomina en ambos la bandera populista. A pocos días de la elección de Trump, el diario La Nación cita a Guevara diciendo: “Vean qué interesante esto que mencionaba de que los hijos de inmigrantes que van a Estados Unidos, que nacen allá, no tengan posibilidad de ser ciudadanos norteamericanos. Me parece interesante”. Guevara parece alistar la bandera antiinmigrante en el que sería su quinto intento por ser Presidente de la República.

En una de las recientes mesas redondas, los precandidatos del Partido Liberación Nacional izaron también la bandera antiinmigrante. Citados por el diario La Nación, Antonio Alvarez afirmó: “Nosotros hemos sido un país que siempre ha abierto las puertas a la llegada de los extranjeros y hemos visto con buenos ojos que en Costa Rica podamos tener personas de otros países. Y esta regla, y este principio nacional que hemos tenido, tiene un freno, que es nuestra capacidad de absorción en el mercado laboral, y nuestra capacidad para poder afrontar las necesidades de salud de la población migrantes”. Por su parte, José María Figueres Olsen dijo: “Hay que fortalecer la supervisión en las fronteras que tiene Costa Rica. Un Estado que no sabe o no puede garantizar sus fronteras, no está cumpliendo con sus deberes”. De qué nos libera Liberación Nacional se pregunta uno.

Por su parte, en las redes sociales, Juan Diego Castro promete, ahora ya con visos más claros de candidato, una “radical defensa de la seguridad”. Otrora líder del Partido de Obreros y Campesinos en Paraíso de Cartago y años después Ministro de Seguridad Pública en la Administración de José María Figueres Olsen, Castro es recordado por haber rodeado la Asamblea Legislativa con oficiales de la Fuerza Pública, algunos de ellos portando armas, para presionar por presupuesto. El 14 de diciembre de 1995, 51 de 56 diputados presentes en la sesión apoyaron un voto de censura contra el entonces Ministro.

En setiembre del año 2016, en redes sociales, Castro trazaba lo que será su lectura del país: “Si [sic] hay solución y es muy simple: Deshacernos de los partidos políticos y organizarnos para construir un república de 21 CABILDOS, sin provincias y sin cantones. Gobernados por los mejores hombre [sic!] y mujeres, con una estructura estatal mínima y eficiente. Sin pillos y sin corruptos. Sin tiranía burocrática. Democracia directa y justicia real. Así de simple y así de importante”. Quien llamaba a acabar con los partidos políticos, ahora promete ser opción electoral en octubre de este año 2017.

Estos populismos autoritarios parten de la premisa de que la cohesión se construye a través de la exclusión. Los malestares y descontentos son capitalizados por las derechas, con la enorme contribución del despiste casi estructural de la socialdemocracia y la izquierda costarricense. Urge pues que los narcicismos de las diferencias menores entre los sectores progresistas no dejen las puertas abiertas a los Trumpticos. Empieza a ser tarde.

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