Reflexión en defensa de la conservación del patrimonio natural y social de la Finca 3

Esta reflexión no busca imponer, busca pensar dos veces qué vamos a hacer con ese ecosistema.

Esta reflexión no busca imponer, busca pensar dos veces qué vamos a hacer con ese ecosistema. En el suplemento del Semanario UNIVERSIDAD, cuyos artículos versan sobre el vigente y dramático tema de Ojo al Clima, Diego Arguedas Ortiz al presentar la edición del 7-12-2016 señala una información muy preocupante:
“Cuando se fundó el Semanario UNIVERSIDAD, en setiembre de 1979, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 323 ppm. Para el lanzamiento de esta edición, los instrumentos de Mauna Loa marcan 403 ppm, una cifra inédita en los último dos millones de años del planeta. Por encima de los 450 ppm, que se podrían superar en un par de décadas, el impacto global sería enorme. El tiempo se agota”.
Además, el señor Arguedas escribe un interesante artículo sobre la experiencia que hemos vivido en el Valle Central. Su artículo: Gran Área Metropolitana: víctima y cómplice que aparece en las páginas 8 y 9 de este suplemento, señala que a inicios de la década de 1980: “El Valle Central era un lienzo blanco para los planificadores urbanos. Así nació el Plan regional de desarrollo urbano de la Gran Área Metropolitana, conocido como Plan GAM 1982, que buscaba ordenar el futuro”. Hoy me pregunto: ¿Qué hemos hecho desde el gobierno, las municipalidades, las universidades, el INVU, el Minae, la Setena y otras instituciones que deben velar por el ambiente y la calidad de vida de los habitantes? Estoy convencido de que en el caso de esta zona verde (arbolada y no arbolada) que hay en las Instalaciones Deportivas de nuestra Universidad, debemos preservarla y, por consiguiente, buscar otras opciones para edificar en espacios plenamente urbanizados. En este sentido, me adhiero a lo expuesto por el Director de la Escuela de Biología, Dr. Gustavo Gutiérrez Espeleta, en la presentación del detallado informe realizado por biólogos especialistas, que estudiaron la biodiversidad de la Finca 3; tal trabajo fue presentado en octubre del año pasado al Consejo Universitario y al Rector. De esa presentación transcribo la cita siguiente: “La Universidad es poseedora de un tesoro verde (ambas fincas), que en su conjunto representan la única área de tamaño considerable no urbanizada en el centro y sector este de San José y eso significa mucho más que la eventual apertura de nuevas facilidades para la enseñanza de algunas carreras universitarias.” Destaco que tal informe fue avalado en octubre de 2016, por la Asamblea de la Escuela de Biología . Realmente es preocupante que si hay dos recursos de amparo ante la Sala Constitucional se haya procedido a la tala e inicio de obras, sin esperar su pronunciamiento. De ahí el movimiento de protesta y la respuesta consiguiente que dio el señor Pablo Mora S., periodista de la Rectoría el 4-I-2017 .
Nuestro país enfrenta suficientes problemas y amenazas frente a la naturaleza, es urgente que la Universidad dé un ejemplo satisfactorio de lo que con la experiencia de sus investigadores, voluntad política y organización administrativa podemos hacer. En el siglo XXI los desafíos de una universidad van más allá de las necesidades a corto plazo. El momento histórico exige que en la comunidad universitaria nos unamos a esta lucha, cultivemos la conciencia crítica y la búsqueda de alternativas reales, sin quitarle el mérito biológico a la zona.
Vale la pena releer, la contundente réplica del Dr. Gustavo Gutiérrez a la explicación dada por la Rectoría sobre la tala ejecutada. Aclaro que me adhiero a su contenido y muy especialmente, al vehemente llamado final, para que los universitarios nos comprometamos en la defensa de la Finca 3. Detengamos la construcción, examinemos otras alternativas fuera de la Finca 3 : la Madre Tierra lo merece.
Reconozcamos: ¡Es un sistema único, frágil e irreemplazable!

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