Le Pen, Sarkozy, Fillon. ¿Y la izquierda?

El 2016 pasará a la historia como el año en que lo inverosímil se convertirá en realidad. Han sido las victorias de Rodrigo Duterte

El 2016 pasará a la historia como el año en que lo inverosímil se convertirá en realidad. Han sido las victorias de Rodrigo Duterte y Donald Trump en Filipinas y Estados Unidos respectivamente, las que despiertan un populismo en regiones cruciales que ponen en riesgo la estabilidad de la comunidad internacional. Por su parte, el “Brexit” y rechazo vía referéndum de los Acuerdos de Paz en Colombia, las ajustadas elecciones en Perú y el impeachment, a la ahora expresidenta Dilma Rousseff, no dejan duda que ese año propinó más de una sorpresa a muchos, acentuando preocupaciones de estabilidad en las democracias más consolidadas.

En tal contexto, este año continuará desarrollando procesos electorales, tales como el de Francia, el 23 de abril, y si fuera necesario, en segunda ronda el 7 de mayo, el cual amenaza con darle a Marine Le Pen esperanzas de llegar al Elíseo. Le Pen, candidata a la presidencia por el ultraderechista Frente Nacional, mantiene una posición dura contra la inmigración y buscaría al ser elegida Presidenta, seguir los pasos del Reino Unido, sacando a Francia de la Unión Europea. Medios de comunicación en el país consideran a la hija del expresidente del partido y excandidato Jean-Marie Le Pen, con posibilidades reales para alcanzar suficientes votos en primera ronda, aunque las mismas encuestas afirman que no tiene un panorama tan favorable en segunda ronda; sin embargo, son las mismas encuestas las que no lograron predecir el efecto Trump, Brexit y el rechazo a los Acuerdos de Paz en Colombia.

Por otro lado, el Partido Socialista francés se presenta a elección con escasas posibilidades, cuyo líder y Presidente de la República, François Hollande ha confirmado que no aspirará a la reelección. La decisión es inédita, pues ningún Presidente de la V República se ha atrevido a no luchar por su continuidad en Gobierno. Esta posición es atinada desde mi punto de vista, pues ha sabido responder al descontento de los socialdemócratas y el público en general, frustrados con la pobre gestión del Presidente Hollande, quien muestra los peores índices de aprobación en décadas. El jerarca francés, no solo gobernó con una agenda completamente distinta en la práctica, sino que promulgó políticas liberales que lo acercan demasiado a los círculos de derecha.

Se vislumbra como alternativa y posible sucesor, el Primer Ministro Manuel Valls (2014-2016), quien promete darlo todo por Francia y el PS, más fraccionado que nunca. Será necesario un esfuerzo gigante por parte de Valls para unificar a la histórica dividida izquierda francesa, en una coyuntura en la que los candidatos de la coalición cada vez se multiplican, todos con escasas posibilidades de salir victoriosos.

Los Republicanos -antes Unión por un Movimiento Popular (UMP)- muestran números favorables, al entrar en una fase histórica. Por primera vez, su candidato ha sido elegido por los simpatizantes del partido, y no por el estabishment, como usualmente ocurría. La incorporación del proceso de primarias ha venido en un momento útil, pues despertó mayor interés del votante en el proceso de elección, que contó con más de cuatro millones de votantes. Aproximadamente corresponde al 10% de los votantes, cifras que el Partido Socialista no logró alcanzar ni en sueños en su proceso de elección en 2012.
Recientemente, François Fillon, abogado de 62 años, quien ocupó el cargo de Primer Ministro entre 2007 y 2012, se convirtió en el candidato y líder de la contienda, al vencer al ex Primer Ministro Alain Juppé y al ex Presidente Nicolás Sarkozy (2007-2012) en las rondas de votación.
Con un líder fuerte y legitimado en las urnas, la derecha francesa busca ocupar de nuevo la Presidencia, la cual fuera desalojada en 2012. Fillon, un liberal en aspectos económicos y conservador en lo social, basa su programa en la necesidad de recortar el sector público en unos 500,000 empleos, el incremento de la edad de jubilación y un aumento a la jornada laboral, que actualmente ronda las 35 horas. Busca además un acercamiento a Rusia, y limitar las políticas migratorias de la UE.

Con este escenario, la izquierda ve lejos repetir en Gobierno, la ultraderecha afina su estrategia para lograr más votos en regiones que se han mostrado receptivas a sus ideas y la derecha francesa se vuelve “radical” para recapturar al votante y el Gobierno de Francia. Entre tanto, los grandes partidos políticos de las dos corrientes ideológicas que históricamente se han disputado el poder, están cayendo y quienes aprovechan las circunstancias son nada más y nada menos, que los outsiders. Si no pregúntenle a Donald Trump.

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