La moral de pacotilla

Cuando uno visita una escuela o colegio es común encontrarse con una lección de moral cuyo formato a la entrada es muy similar en todos

Cuando uno visita una escuela o colegio es común encontrarse con una lección de moral cuyo formato a la entrada es muy similar en todos los casos, a saber: rótulo sustancioso con las normas impuestas para el “buen vivir”. Eso sí, siendo que la educación debería ser igual para todos, sin importar credos, el contenido de las prescripciones se limita a los preceptos y tradición del cristianismo (no en vano vivimos en un Estado confesional).

Veamos algunos ejemplos de la moral que el habitante de la República debe guardar en los centros educativos.

  1. En un colegio que frecuento por razones laborales, a un costado de la entrada, ilustrado con el símbolo institucional, un cartel reza: [“… queda terminantemente prohibido el ingreso a esta institución portando las siguientes prendas: Para los Hombres (sic): Pantaloneta, pantalón corto, camisa sin mangas, gorra, casco (no dice si de trabajo, moto o militar) y lentes oscuros (sin excepción por razones de salud). Para las Mujeres (sic): Short (aquí el “pantalón corto” suena mejor en inglés, y con mayúscula), licra, miniseta, minifalda, escote muy pronunciado, gorra, casco (¿?) y lentes oscuros”]. Una interpretación llana y literal de la prohibición indicaría que para ingresar sin problema al recinto mejor convendría llegar como Dios nos trajo al mundo. Mas la decodificación de la norma apunta a lo contrario, pues para eso contamos con el recurso de la “dialéctica mágica”. Ahora bien, con qué ideas –amorosas, malintencionadas o violentas- se ingrese al lugar, no interesa, o al menos no se consigna por ningún lado. Aquí lo que importa es la apariencia física sustentada en la satanización agustiniana de la sexualidad, principalmente la femenina (cuenten las prendas prohibidas para cada sexo).
  2. En el pasillo otro letrero indica que “los límites solo se encuentran en tu propia mente”; o sea, no procede determinar límite alguno en los subsistemas contenidos en el sistema ilimitado que es el universo o, más terrenalmente, un tico común no podría explicar la razón por la cual le cuesta tanto obtener visa para viajar a EE.UU.
  3. “De todo lo que llevas puesto, tu actitud es lo más importante”. Si no fuera porque, probablemente, quien escribió la metáfora es un poeta, yo diría que la actitud es una realidad espiritual muy distinta comparada con la materialidad de los atuendos que usa la gente.
  4. En otra esquina de la sabiduría institucional dice: “El éxito está en el esfuerzo y no en lo que los demás piensen de ti” (¡¿*#*?!)
  5. “Hoy es un día excelente debes estar orgulloso de ser quien eres” (sic.). Me pregunto: ¿Habrá días no excelentes? ¿Son los días excelentes para un niño que no se desayuna ni va a la escuela? ¿La calidad del día determina el orgullo personal? El lector puede preguntar más.
  6. Dos sentencias oraculares: “Por mucho que proteste, soy el responsable de lo que sucede en mi vida.” y “Nadie puede hacerte infeliz sin tu consentimiento.” Claro, <como en el mundo habitamos más de 7 mil millones de ermitaños>. (Nota: el signo “<>” es el de la ironía, y lo sugerí en febrero de 2010 en el artículo “Indígenas”, publicado en UNIVERSIDAD).
  7. Por último nos encontramos con un letrero en el césped que dice: “Cuidemos las zonas verdes”; a lo que agrego fundado en la experiencia acumulada durante tres lustros: “mientras a la autoridad no se le ocurra entechar los últimos metros cuadrados que albergan alguna planta”.

Que la moral cristiana sea “doble” no tiene por qué ofuscarnos; peor sería si fuera solo “una”, pues tendríamos menos moral, es decir, menos alternativas de comportamiento. Por lo demás, si erramos en lo concreto desde la abstracción moral cristiana, no habrá pecado y, ante Dios, nada qué confesar.

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