La depresión de Rousseau

Funcionó razonablemente bien por poco más de doscientos años; el contrato entre representantes y representados

Funcionó razonablemente bien por poco más de doscientos años; el contrato entre representantes y representados, basado en acuerdos de convivencia social, mediante sistemas políticos, se encuentra hoy en una encrucijada: en casi todas partes, la mayoría de los representantes tiene problemas con la ley o son delatados por escándalos mediáticos que hacen trastabillar hasta los sistemas democráticos de más larga tradición; Aristóteles estaría temblando. Y los representados, alimentan los noticieros amarillistas con todo tipo de imágenes sórdidas y engrosan las filas de los evasores de todo tipo de responsabilidades o de los privados de libertad. Si nadie va a respetar las reglas de juego, se pone en peligro los avances sociales y democráticos alcanzados con tanto esfuerzo por nuestra civilización; la anomia global puede terminar por convertirnos en sociedades cerradas, xenofóbicas, lideradas por dictadores constitucionales que controlarán el dinero sin límites de ninguna clase. Lástima Popper.

Para el pobre Darwin, el panorama sería aún más desolador. Las personas ya no eligen a una pareja que le depare las mejores crías basada en sus cualidades psico-biológicas. El mejor macho es el ostentador del dinero, no importa si para hacerse de él haya recurrido a la estafa, el abuso o al crimen; la hembra elegida, es la ostentadora de los mejores tintes y siliconas, no importa si los financió con premeditación y astucia. Demasiados niños llegan al mundo por causa de encuentros genitales efímeros; y la inculcación de habilidades y valores necesarios para la vida, aun en el caso de parejas mejor establecidas, la asumió la farándula; y de los recursos didácticos y el fomento del conocimiento se adueñaron la Internet ilimitada y las redes sociales.

El placer que produce el alcohol, la violencia, la gula, la trasgresión o la cocaína es espurio y demasiado efímero; sin embargo, es lo que muchos quieren, cada vez más. Hasta el placer más íntimo, profundamente humano, cuya máxima expresión lo consuma la pareja, se ha mercantilizado; a tal punto, que pronto dejará de existir la prostitución, en vista de la perfección que han alcanzado los muñecos y muñecas inflables; Freud no querría ni verlos. Cada vez más gente vive sola, en especial los jóvenes, los cuales ya no quieren vivir en pareja ni comprometerse –institución antes denominada matrimonio-, y mucho menos tener hijos, en vista del egoísmo globalizado rampante. Platón quedó obsoleto.

Y si no fuera suficiente, la carrera consumista por bienes innecesarios, y suntuosos, que lindan con lo extravagante, está destruyendo sistemáticamente el ecosistema planetario, a pesar que desde hace varias décadas se intenta concientizar a las nuevas generaciones; pronto, los ambientes prístinos, los animales y plantas en su estado salvaje, solo podrán ser visitados virtualmente en la pantalla de un teléfono como un recuerdo más; los pocos visionarios que se oponen son, sencillamente, asesinados. Linneo lloraría. Hasta la educación, la salud y las relaciones interpersonales fueron absorbidas por el torbellino del consumo-descarte.

El burro prefiere la paja al oro, Heráclito. A pesar de su injusta fama de necia, la bestia bien sabe elegir lo que le es útil y necesario.

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