África a nuestras puertas

La situación con los cientos de africanos varados en Paso Canoas demuestra, como si hiciera falta, que Costa Rica está inmersa

La situación con los cientos de africanos varados en Paso Canoas demuestra, como si hiciera falta, que Costa Rica está inmersa en el flujo de los acontecimientos mundiales y que su alejamiento geográfico es una ilusión. Yo me identifico con estos refugiados africanos, e insisto en llamarlos refugiados, porque son excluidos del hambre, de la guerra y de la incomprensión que los presionan a alcanzar un Norte utópico que sabemos imposible para ellos. Pero a ellos solo les queda lo imposible.

Para nosotros, miembros de una sociedad relativamente confortable y segura, es imposible imaginar ese viaje desde África hasta Paso Canoas, emprendido por hombres, mujeres y niños. Las palabras que salen de sus bocas, con las que describen su éxodo, percuten una y otra vez en nosotros, las escuchamos, las comprendemos individualmente, pero el horror, la tristeza y la angustia que vehiculan se nos escapan en su totalidad. Lo que definitivamente no se nos escapa es su valentía, su decisión y su perseverancia. Es con esas armas de la voluntad que intentan lograr lo imposible, llegar a su El Dorado.

Para nosotros, los costarricenses, la llegada de este nuevo flujo de refugiados plantea retos inéditos. La resolución de esta crisis nos exige, como país, tomar decisiones en las que el cálculo político esté excluido y las consideraciones humanitarias sean prioritarias, como se lo debemos a los altos valores sobre los cuales fundamos nuestra nación y que cristalizan en varias de nuestras instituciones, como la Universidad de Costa Rica. Definitivamente,  debemos llegar a acuerdos regionales; esta es la hora de mostrarnos solidarios y encontrar soluciones en conjunto. Ya muchos ciudadanos se han movilizado, individualmente o en colectivos, para apoyar a estos refugiados. Estos ticos, de creencias y convicciones disímiles, se han acercado a Paso Canoas a tenderles la mano. Todos han comprendido la necesidad de superar las barreras lingüísticas, religiosas y culturales para, si no resolver, por lo menos mitigar los rigores a los que están sometidos los refugiados. Aún estamos a tiempo de vencer positivamente los obstáculos que nos plantea este encuentro y descubrimiento, aportando lo mejor de nosotros. Esta es una oportunidad para superarnos; su importancia no debe ser ignorada.

Los costarricenses debemos tomar consciencia de nuestro lugar en el mundo y asumir los deberes y obligaciones que devienen con dicha consciencia; no permitamos que el futuro nos caiga encima, con sus cajas de sorpresas, sin que estemos preparados. Esta crisis solo es un eslabón en una larga cadena; nosotros, más que espectadores, también somos actores y no debemos quedarnos callados. Resta ver si sabemos aportar las mejores soluciones.

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