Elecciones en Holanda:

Wilders no podría formar Gobierno. ¿Motivo de alarma?

Todo el mundo mira a París, pero la clave puede estar en Amsterdam, decía, la semana pasada,

Todo el mundo mira a París, pero la clave puede estar en Amsterdam, decía, la semana pasada, un observador de la política europea. Es porque, en las elecciones de este miércoles 15, el Partido de la Libertad (PVV), con su líder, Geert Wilders, podría transformarse en la primera fuerza política de Holanda. Pese a eso, tiene pocas posibilidades de gobernar en un país donde el escenario político está particularmente fragmentado y la tradición es la de gobiernos de coalición. Y ninguno de los partidos más tradicionales está dispuesto a formar un gobierno con el PVV de Wilders.

En estas elecciones, 28 partidos aspiran a entrar al parlamento de 150 escaños, y se disputan la preferencia de casi 13 millones de electores.

Los tres grandes partidos clásicos, los liberales del VVD, los socialistas del PvdA y los democristianos del CDA han dominado la vida política del país en las últimas elecciones. Hace tres décadas, recuerdan los analistas, sumaban el 80% de los votos. Ahora, con optimismo, las estimaciones son que podrían llegar, quizás, al 40%.

Eso es lo que abre las puertas para que el PVV se transforme en la primera fuerza política del país. No hay que olvidar que su líder, Wilders, viene de la militancia liberal, una agrupación de derecha a la que pertenece el primer ministro, Mark Rutte.

Miembro del núcleo duro del euro capitaneado por Alemania, Rutte, junto con su ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo, el laborista Jeroen Dijsselbloem, jugaron un papel destacado en someter a Grecia a las exigencias de austeridad que han sumido a ese país en el estancamiento y la pobreza.

Las predicciones indican que Rutte se mantendría en el cargo. Las últimas encuestas indican que podría obtener cerca de 27 escaños y una caída de 30% en el apoyo electoral a su partido. A su socio laborista le podría ir mucho peor, pues las previsiones son de un pérdida del 70% de apoyo electoral. Wilders, en cambio, aspira a algo más de 30 escaños. En todo caso, bastante lejos de los 76 necesarios para conformar mayoría en el parlamento.

¿No hay motivo de alarma?

¿No hay, por lo tanto, motivo para alarma? Fue Leon Cornelissen, economista jefe del la firma de inversión holandesa Robeco, el que lo afirmó. Pero el que Wilders y su partido queden fuera del nuevo Gobierno no implica que un triunfo electoral no tenga repercusiones en la política del país.

“El peligro no está tanto en el Gobierno que salga de las urnas, que será pro-europeo y centrista de una forma u otra, como en el resultado del PVV y en cómo podría condicionar la política holandesa de los próximos años”, dijo Miguel Soriano, en un artículo publicado en el periódico español Libre Mercado.

El programa del PVV para estas elecciones es de solo una página, y un tercio del espacio es utilizado para proponer la “desislamización” de Holanda, con medidas como cerrar las mezquitas, prohibir el Corán y la inmigración desde países musulmanes. El resto del programa incluye reclamos contra los costos de pertenecer a la UE, o los gastos en salud y pensiones, temas particularmente sensibles en el país.

Sus propuestas ya han arrastrado a los demás partidos políticos hacia posiciones más agresivas contra las migraciones y los refugiados. Para eso, Wilders no ha necesitado realmente un partido. El suyo tiene apenas un militante: él mismo. Y no tiene apenas presencia en las elecciones locales.

En 2004 se separó del VVD, descontento por el apoyo que dio a la solicitud de ingreso de Turquía a la UE. Dos años después fundó su propio partido, el PVV.

Pero ya antes su vida y sus propuestas habían despertado inquietud e interés en Holanda. En noviembre del 2004 fue asesinado en las calles de Amsterdam el cineasta Theo Van Gogh, por un joven holandés de padres marroquíes. Días después la policía holandesa obligó a Wilders a acogerse a un esquema de protección y de vida casi clandestina, antes amenazas contra su propia vida. Y pese a que hasta hoy vive en esas condiciones, no ha dejado el mundo de la política.

En todo caso, para el líder cristiano demócrata Gerd Leers, a Wilders le interesa más permanecer en la oposición que entrar al Gobierno. “En Europa y en Holanda, y en la mayor parte del mundo, usted trata de hacer compromisos y llegar a acuerdos. Wilders no quiere eso. Él no puede hacer compromisos porque, en ese caso, su credibilidad se esfuma”, afirmó Leers, en declaraciones al diario inglés The Guardian. Uno de sus valores es precisamente la crítica a la política de compromisos y concesiones que caracteriza a Holanda y que lo hace popular entre sus electores.

Economía

Los holandeses son “ricos, prósperos… pero están enfadados”, dijo, hace unos días, el diario inglés The Financial Times.

Lo que no es tan fácil es saber es por qué están enfadados. La cuestión no es tanto si están bien o mal respecto a sus vecinos (pues están bastante bien), sino las expectativas que manejaban y la realidad que se encuentran.

Una primera mirada muestra cifras económicas positivas: un PIB creciendo 2,5% el año pasado (uno de los más altos de la Eurozona); un desempleo de 5,3%, solo superior al de Alemania; un elevado superávit comercial (un saldo positivo de 175 mil millones de euros con los países de la UE) y una renta media de casi 39 mil euros anuales (la de España es de 23 mil euros). Su índice de Gini, que mide la desigualdad de la riqueza en un país, es también mucho mejor que la media europea: 26,7 frente a 31.

Para el economista holandés y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Marcel Jansen, pese a esos resultados, uno de los factores de inconformidad puede ser la precariedad laboral. “Hay un sinfín de contratos temporales muy precarios que durante un tiempo funcionaron bien; pero en la crisis hemos visto que el balance está cambiando y los jóvenes tienen muchas dificultades para acceder a empleos estables”, dijo a Mercado Libre.

Para Jensen, “Holanda ha pasado de ser uno de los países más europeístas a uno de los más escépticos. Se tiene la sensación de que la UE no tiene solución a muchos de sus problemas y además se mete donde no debe”.

“A primera vista, los datos macroeconómicos de Holanda son bastante positivos tras unos cuantos años de políticas de austeridad: el paro es del 5,4%, el déficit público del 1%, la deuda pública representa el 63% del PIB y la cuenta exterior registra casi un 10% de superávit. Aparentemente, todo un éxito”, dijo, por su parte, el economista español José Torres.

Pero detrás de ellos, agregó, “hay un panorama muy sombrío que ha producido cambios políticos y auténticos demonios que están a punto de salir plenamente a la luz en las elecciones generales del próximo 15 de marzo”, como lo advirtió el profesor de economía e investigador holandés Servaas Storm, en un artículo en el que se pregunta si Holanda será la próxima pieza del dominó europeo que caerá.

Las elecciones de este miércoles podrían ayudar a encontrar la respuesta.

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