UNIVERSIDAD investigó filtraciones sobre firma

Mossack Fonseca: el bufete panameño en el centro del mundo

En julio del 2012, el bufete panameño Mossack Fonseca hizo una movida curiosa. La firma contrató los servicios de Mercatrade S.A., una compañía que provee “manejo de reputación
en línea”.

El contrato firmado entre ambas partes prometió mejorar la imagen de Mossack Fonseca en Internet al remover de entradas negativas relacionadas con 12 palabras clave (en inglés y español): lavado de dinero, lavado de activos, evasión fiscal, fraude fiscal, delito, tráfico de armas y escándalo.

Los documentos obtenidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés) revelan el capital offshore de individuos y compañías en más de 200 países y territorios y muestran que el negocio del bufete ha ido bien.

Hoy en día, Mossack Fonseca es considerado como una de los cinco bufetes líderes a nivel mundial en facilitar esquemas offshore. Tiene más de 500 empleados y colaboradores en más de 40 oficinas alrededor del mundo, incluyendo tres en Suiza y ocho en China.

Tras ser cuestionada por ICIJ en cuanto a los hallazgos de la filtración, la firma respondió que “por 40 años Mossack Fonseca ha operado sin tacha. Nuestra firma nunca ha sido acusada o condenada por conexiones con irregularidades criminales”.

El vocero Carlos Sousa dijo que la firma “simplemente ayuda a los clientes a incorporar compañías”. Esto no implica “establecer vínculos comerciales o dirigir de ninguna manera las compañías así constituidas”, agregó.

El origen.

Mossack Fonseca inició en 1986, cuando Ramón Fonseca fusionó su pequeño bufete panameño, en el que trabajaba una secretaría, con otra firma legal liderada por Jürgen Mossack, un panameño de origen alemán.

“Juntos hemos creado un monstruo”, diría Fonseca más tarde a un periodista.

Los dos hombres tenían prestigio internacional y un pasado en el mundo del dinero, el poder y los secretos.

Fonseca nació en Panamá en 1952, estudió leyes yciencias políticas en la Universidad de Panamá y la London  School of Economics. En su juventud, recordó en una ocasión, esperaba salvar al mundo, primero con la intención de ordenarse como sacerdote y, más tarde, trabajando para Naciones Unidas en Ginebra por cinco años.

“No salvé a nadie, no hice ningún cambio”, dijo en una entrevista televisiva en 2008. “Decidí entonces, estando un poco más maduro, dedicarme a mi profesión, tener una familia, casarme y tener una vida normal. Conforme te haces más viejo, te haces más materialista”.

Mossack nació en Alemania en 1948. Se mudó a Panamá con su familia a inicios de la década de 1960, de acuerdo con su socio.

El padre de Mossack había sido miembro de la Waffen-SS, el conocido brazo armado del Partido Nazi durante la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo con documentos de la inteligencia estadounidense obtenidos por ICIJ.

Tras la guerra, su padre ofreció sus servicios al gobierno estadounidense, pero no aceptaron su propuesta. Aun así, el hombre terminó en Panamá donde se ofreció a espiar las actividades comunistas en Cuba, esta vez para la CIA.

Tras recibir su título como abogado en Panamá, en 1973, Mossack hijo ejerció el Derecho en Londres antes de regresar a su país para fundar la firma que más tarde se fusionaría para formar Mossack Fonseca & Co. Ahora ambos hombres se mueven en los altos círculos de la sociedad panameña.

Fonseca, por ejemplo, fue asesor del presidente panameño Juan Carlos Varela hasta marzo del 2016, cuando anunció que dejaría temporalmente el puesto para enfrentar las acusaciones de que su firma estaba involucrada en el escándalo de corrupción, sobornos y lavado de dinero en Petrobras, la compañía petrolera estatal de Brasil. Tomó la acción, aseguró entonces, “para defender mi honor, mi firma y mi país”.

Hacia los paraísos.

La fusión que dio vida a Mossack Fonseca llegó en un momento complicado de la historia panameña. El país enfrentaba inestabilidad económica y política bajo la dictadura de Manuel Noriega, sobre quien estaban los focos de atención ante la creciente evidencia de su involucramiento en lavado de dinero y narcotráfico.

En este contexto, Mossack Fonseca hizo su primera movida en 1987 al establecer una filial en Islas Vírgenes Británicas (BVI, en inglés), donde unos años antes se había aprobado una ley que facilitaba el establecimiento de compañías offshore sinrevelar públicamente sus dueños o direcciones.

“Mossack Fonseca fue el primero en llegar a BVI desde Panamá. Y los demás siguieron después”, explicó Rosemarie Flax, la longeva directora para Mossack Fonseca a un medio local en 2014.

En la actualidad, las Islas Vírgenes Británicas albergan a cerca del 40% de las compañías offshore del mundo. De las que aparecen en los documentos de la firma panameña, una de cada dos compañías –más de 113.000– fueron constituidas ahí.

Mossack Fonseca fue el primero en llegar a Islas Vírgenes Británicas (BVI, en inglés) desde Panamá. Y los demás siguieron despuésRosemarie Flax, directora de Mossack Fonseca en BVI

En 1994, la firma hizo otra movida clave.

Los abogados ayudaron a la pequeña nación insular de Niue –una formación coralina en el Pacífico Sur, con una población de menos de 2.000 habitantes– a diseñar legislación que abría portillos para la incorporación de compañías offshore.

Tiempo después, Mossack dijo a la agencia France-Presse que el bufete había elegido a Niue porque quería una ubicación dentro de la zona horaria Asia-Pacífico y porque no enfrentaría competidores.

“Si tenemos una jurisdicción pequeña, y esta la teníamos desde el principio, podemos ofrecerle a la gente un ambiente estable y un precio estable”, explicó.

Mossack Fonseca firmó, entonces, un contrato que garantizaba los derechos exclusivos para constituir sociedades offshore por 20 años.

Para el 2001, el bufete tenía tanto volumen de trabajo en la isla que financiaba $1,6 millones del presupuesto anual, de $2 millones que proyectaba el gobierno insular.

Finalmente, tanto movimiento llamó la atención de las autoridades internacionales que persiguen el lavado de dinero, e incluyeron a Niue en su lista especial.

Sin embargo, esto no detuvo a los panameños, pues movieron sus acciones a la vecina Samoa, una transferencia que marcaría la pauta para sus pasos futuros: cuando una jurisdicción favorable cambia las condiciones, la firma busca un reemplazo.

Los buscados.

Aunque Mossack Fonseca asegura públicamente que “realiza la debida diligencia (un método de verificación de antecedentes) para comprobar la legitimidad de cada uno de nuestros clientes” y que nunca trabajaría con timadores, criminales y otros personajes censurables, sus archivos internos muestran otra imagen.

Un análisis de ICIJ encontró, por ejemplo, que Mossack Fonseca ha trabajado con al menos 33 compañías y personas que están identificadas internacionalmente por sus vínculos con terrorismo y tráfico de narcóticos.

Mossack Fonseca afirma que “no fomenta o promueve actos ilegales” y que “nunca ha permitido, de manera consciente, el uso de sus compañías” a individuos con gobiernos que tienen sanciones de Naciones Unidas. Ahora bien, aseguró que, en muchos casos, la obligación de verificar los antecedentes de los clientes recae en los bancos, las firmas legales y otros intermediarios que son el vínculo entre el bufete panameño y los dueños de las compañías de papel.

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