Trump y la política científica estadounidense

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos agita los temores anunciados por muchos científicos, asociaciones

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos agita los temores anunciados por muchos científicos, asociaciones y agencias de investigación científica de dicho país. Se trata de una política que a todos luces -al menos en algunos ramas de la ciencia- resulta ser anticientífica. Así lo declara Michael Lubell, portavoz de la American Physical Society, ya que según él, “Trump es el primer presidente que tenemos en contra de la ciencia y las consecuencias serán muy malas”. También se teme que estas medidas anticiencia afecten el presupuesto dirigido a la ciencia -como ya se indicó- por lo menos para algunas de ellas. Esta preocupación fue planteada por Robin Bell, un investigador de geofísica de la Universidad de Columbia (New York). También las declaraciones dadas por John Abrahan, profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad Santo Tomás de Minnesota, indican que el gobierno de Trump costará una década de retraso en temas como el calentamiento global.

Una serie de declaraciones, opiniones y acciones del actual presidente estadounidense parecen confirmar tales preocupaciones. En general, el presidente o las personas nombradas por él, han comenzado a tomar una serie de medidas que impiden a los(as) científicos(as) de las agencias federales comunicar sus descubrimientos y asistir a congresos. También se han censurado páginas electrónicas de ciencia en el ámbito estatal, y se ha solicitado la identificación de aquellos(as) científicos(as) que trabajan en el tema del cambio climático. Por otra parte, se ha comenzado a reducir el presupuesto a la investigación científica, y se ha nombrado a directores de comisiones y agencias que tienen que ver con el cambio climático, por ejemplo, Scott Pruit, un negacionista del cambio climático, quien dirigirá la Agencia de Protección de Medio Ambiente (EPA). Él –cuando era fiscal en Oklahoma- cuenta con un largo historial de acciones contra la EPA y a favor de las empresas contaminantes. Visto con estas primeras acciones, el panorama futuro para la ciencia es sombrío.

En las comparecencias públicas, debates a la candidatura o a la presidencia, y una vez investido como presidente, Trump, así como algunos de sus miembros de gobierno, han tomado a algunas ciencias o prácticas científicas específicas como flanco de ataque, entre ellas, la más embestidas son el cambio climático, la teoría de la evolución, las vacunas y la investigación con células madre. También se ha atacado a algunas tecnologías. Sin embargo, Trump ha declarado que la investigación del espacio debe proseguir, esto al responder a una pregunta que le hiciera SciencieDebate.org. Aunque si bien, no se cuenta con una visión global de cuál será la política científica y tecnológica que seguirá Trump, sí por lo menos, puede constatarse que algunas ramas de la ciencia se verán afectadas por dichas políticas.

Si bien no existe suficiente información como determinar la política general que seguirá Trump en relación con la ciencia, una de las que se podría ver más afectadas sería la Teoría de la Evolución, solo con recordar que el Vicepresidente Mike Pence, excongresista y exgobernador de Indiana, es un defensor del creacionismo y un negacionista de la teoría de la evolución. En el 2002, pronunció un discurso ante la Cámara de Representantes en contra de la Teoría de la Evolución. Según Mike, la Teoría de la Evolución es solo eso una teoría, la cual se encuentra al mismo nivel que los enfoques del “diseño inteligente”, una explicación a la que se le considera pseucientífica. En Estados Unidos ha habido una ardua lucha legal por defender la enseñanza de la Teoría de la Evolución en contra del diseño inteligente, tal es el caso de la decisión en 2005 de un juez de Pennsylvania, el cual sentenció que no se enseñe diseño inteligente en una escuela pública de Dover, Condado de York; sin embargo, todavía habría que esperar cómo evolucionará esta polémica en los próximo meses, y cuáles serán las medidas concretas que tomará el gobierno de Trump.

Claro que si con la teoría de la evolución solo podemos especular, tal parece que con las ciencias del cambio climático, las acciones son más concretas. En repetidas ocasiones el presidente Trump se ha mostrado negocionista del cambio climático, él ha declarado que rechaza el origen humano del cambio climático, y acusa a los científicos de manipular los datos. Según la página hipertextual.org, él ha indicado que la idea de calentamiento global es una “farsa total”. A este respecto, como es sabido, Trump ha dado instrucciones para que todos los informes y estudios de los(as) científicos(as) de la EPA han de pasar por su escrutinio antes de hacerse públicos, acción que está prohibida por el principio de integridad científica de la EPA.

Sobre este mismo asunto, Trump es partidario de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, el cual fue firmado por el expresidente Obama; así como eliminar el dictamen sobre tratamiento de Aguas de Estados Unidos. En sus declaraciones ha indicado que dichos acuerdos solo alegran a China y provocan pérdida de competitividad para Estados Unidos. Para él, las medidas que imponen dichos acuerdos aportan cargas onerosas a la industria de la energía estadounidense. Por otra parte, según Trump, eliminar las imposiciones ambientales de dichos acuerdos, ayudaría a mejorar los salarios de los(as) trabajadores(as) en los próximos siete años. Esto a pesar de que algunos Estados y el mismo Obama habían comenzado a instaurar una política de reducción de gases contaminantes y la promoción de energías limpias. Incluso, Trump ha prometido a algunos estados afectados por la crisis que se recuperaría las tecnologías del carbón, recuérdese que los demócratas utilizaron datos científicos para cerrar algunas minas e industrias contaminantes. En este sentido, ha manifestado su rechazo a las energías renovables. Sin embargo, los científicos advierten que de cumplirse con estas medidas, habría un gran retroceso en la contención del cambio climático.

Sin embargo, Martin Beniston, Director del Instituto de Ciencias Ambientales, de la Universidad de Ginebra, afirma que retirarse del acuerdo es algo complejo, y que no será en el corto plazo, ya que existen muchos niveles y mecanismos legales que han de ser activados para poder salirse del Plan de Acción de París. Además, de que tal decisión ha de pasar por la negociación y ratificación del Senado y el Congreso, en donde habría que ver si tal política de Trump tendría la mayoría necesaria, a pesar de que ambas cámaras están dominadas por represente republicanos.

Visto este panorama parcial, en estos tiempos de crisis ambiental, resulta difícil imaginar cómo puede persistir la defensa de unos negocios y empresas contaminantes, extractivas y destructoras del ambiente. Por supuesto, muchas empresas todavía tienen un fuerte cabildeo en Estado Unidos y logran una influencia que impide los cambios. Pero también no es fácil concebir cómo es posible que los políticos no tengan claro cómo funcionan los ciclos largos de Kondratiev, y cómo el sistema capitalista estadounidense podría renovarse a partir del impulso de los datos de la ciencia y las tecnologías renovables para crear nuevas empresas. Por supuesto, que el cambio puede traer el riesgo de cierre de empresas, la pérdida de trabajos, pero también se podrían crear nuevos empleos, ya Schumpeter habla de esta capacidad de destrucción y creación del sistema económico.

*Doctor en Humanidades con Énfasis en Filosofía Contemporánea, profesor catedrático en la Escuela de Filosofía y la Escuela de Estudios Generales. Secretario de la Asociación Centroamericana de Filosofía, miembro del Círculo de Cartago.

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