Más allá de Trump

La explicación del ascenso de Donald Trump puede llevar a un análisis subjetivista, centrado en sus características personales, impulsividad y carácter confrontativo

La explicación del ascenso de Donald Trump puede llevar a un análisis subjetivista, centrado en sus características personales, impulsividad y carácter confrontativo, oscureciendo el contexto que condiciona su perfil político, las fuerzas sociales y políticas que lo llevaron a la conquista de la Casa Blanca.

Visto desde nuestra región y en la perspectiva del enfrentamiento con México se corren dos riesgos: por una parte, detenerse en considerar únicamente sus dimensiones racistas y autoritarias y, por otra, centrarse, de manera simplista, en la fricción con un Estado latinoamericano.

Lo fundamental es explicarnos cuál es la dinámica política interna que hace posible el surgimiento de esta personalidad con claros ribetes autoritarios y narcisistas. La comprensión del paisaje sociopolítico de los EEUU en el contexto de una globalización que no los ha beneficiado como algunos esperaban, es crucial.

El voto de las clases blancas y obreras, la división entre el mundo rural y urbano, la ruptura entre el centro y las costas, la desigualdad y el estancamiento de los salarios, así como la reacción hacia el “otro” explican el avance del aislacionismo, el populismo de derechas, el ataque contra las elites intelectuales, el nacionalismo económico y la nostalgia  por la hegemonía mundial en un mundo que se vuelve multipolar.

Se abre un periodo de intensas luchas sociopolíticas con la aparición de movimientos de oposición al régimen trumpiano como la marcha de las mujeres y las confrontaciones de la nueva administración con la prensa, definida  como el partido de oposición.

En sus primeras semanas, Trump se ha enfrentado con el sistema judicial y ha entrado en discusiones de interpretación constitucional, ha amenazado con cortar fondos federales a las ciudades santuarios, ha cuestionado la legitimidad de un juez federal y ha emprendido redadas de inmigrantes.

El nombramiento de generales en posiciones importantes revela la influencia del complejo militar industrial lo mismo que la tendencia preexistente a resolver los problemas en el marco de un estado de seguridad nacional al margen de la legalidad (Guantánamo y torturas). Sin embargo, la salida del general Flynn revela contradicciones internas.

El nombramiento de una conservadora en educación también augura intensas luchas ideológicas y la aprobación del oleoducto Keystone anuncia conflictos con los ambientalistas.

En lo internacional, la retirada  de los EEUU hacia su fortaleza continental deja un vacío que podría ser ocupado por otros, pero también aparece la tentación de la agresividad unilateralista para resolver las fricciones internacionales, lo que introduce el riesgo de las confrontaciones militares en los puntos calientes del escenario mundial (mar del Sur de China, países bálticos, Medio Oriente).  Lo que queda claro es que no puede analizarse la política exterior de los EEUU si no se explica a partir de la compleja y revuelta situación interna.  La política exterior no se engendra en el vacío ni es fruto exclusivo de la fricción entre los actores mundiales.

El decreto contra la inmigración no va dirigido, en primera instancia, a resolver conflictos con otros países, sino hacia sus bases electorales, a las que tienen que cumplir su promesa nativista de exclusión. Las redadas no buscan una confrontación con México, sino alimentar la sed xenofóbica del racismo blanco.

Aunque Donald Trump ha intercambiado cartas apaciguadoras con Xi Jingping, lo cierto es que intercambios telefónicos con Taiwán auguraron un enfrentamiento con China; riesgo que sigue vigente, aunque de manera sutil, en el cálido acercamiento con Japón. Crear algunas fricciones públicas con Pekín implica también jugar para la gradería de sol xenófoba que exige que los empleos vuelvan a los EEUU.  Mientras tanto, Xi Jingping ha asumido la defensa de la globalización y amenaza con llenar el vacío dejado por el aislacionismo de Trump.

Las confrontaciones con Europa, particularmente con Alemania y la OTAN, han estado sobre el tapete y significan una nueva postura de la administración con implicaciones internas, particularmente las críticas a Merkel por su acogida a los refugiados.

Europa es también parte del escenario de las relaciones con Rusia. ¿Seguirán los EEUU pagando por el paraguas protector de la OTAN o dejarán a los europeos solos frente a Moscú?

El orden mundial (Bretton Woods, Naciones Unidas, OTAN) establecido al final de la Segunda Guerra Mundial sufre una ruptura con la opción nacionalista; y surgen procesos de desorden mundial (Siria), propuestas de instituciones internacionales alternativas (Banco Asiático de Infraestructura) y una tendencia a la multipolaridad que introduce de nuevo la noción de esferas de influencia.

Las acciones rusas reafirmando su presencia en su vecindario cercano, así como la posición de China en sus mares aledaños son una clara muestra de reafirmaciones regionales, aunque la proyección global de China en África y América Latina sobrepasa las dimensiones de este fenómeno.

Los derechos humanos no parecieran preocupar a una administración que sostiene la ideología de “Estados Unidos primero”.  Trump es un pragmático, no siente la necesidad de iluminar al mundo desde la colina brillante (Reagan), ni de purificar un eventual intervencionismo con el agua bautismal de la democracia (Bush).

No pareciera existir una política con respecto a América Latina como conjunto. México sufre los primeros embates del unilateralismo y hasta la velada amenaza del envío de tropas. Cuba experimentará una posición más dura, influenciada por el lobby cubano americano.  Los países del triángulo norte de Centroamérica podrían verse afectados por deportaciones masivas y por impuestos a las remesas.

Una Guerra civil en Venezuela pondría a prueba las tendencias unilateralistas de la nueva administración y es de esperar que se mantengan las políticas contra las drogas, aunque un recrudecimiento del enfrentamiento con México podría afectar la cooperación de este país con los EEUU.

El aumento de la polarización política interna llevará muchas veces a la  utilización de los acontecimientos externos como vía de legitimación frente a sus bases electorales, con el riesgo de que errores generados en este registro agraven la tensa situación internacional originada en la creciente multipolarización.

Las contradicciones con Rusia y China ocuparán la atención de la nueva administración, particularmente los conflictos en Europa del Este, Siria y en el mar del Sur de la China. Una reducción de tensiones con Rusia podría surgir de buenas relaciones con Putin, aunque el recrudecimiento de las relaciones con Irán, aliado de Moscú, podría alterar el curso de los acontecimientos.

El repliegue de los EEUU abre una nueva e incierta fase de reconfiguración en la arquitectura del sistema internacional, la potencia hegemónica facilita el ascenso a potencias revisionistas que ponen en duda la continuación de su hegemonía.

Abogado y politólogo. Doctor en Sociología Política (Universidad de Paris), DES en Derecho de la Cooperación Internacional (Universidad de Burdeos),Ciclo superior de Estudios Políticos (Relaciones Internacionales), Instituto de Estudios Políticos de Burdeos. Catedrático de la Universidad de Costa Rica, exdirector de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR, actualmente profesor del Doctorado en Gobierno y Políticas Públicas, imparto el Curso Sistema Internacional,Geopolítica y Políticas Públicas. Profesor visitante en las  universidades  de Tulane, Salamanca e Instituto de Estudios Políticos de Francia (Poitiers).

 

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