El humor nuestro de cada día

En una expresiva caricatura, Jano (Osvaldo Salas, 1915-1999) pareciera iluminar las ya largas discusiones teóricas sobre el humor

En una expresiva caricatura,  Jano (Osvaldo Salas, 1915-1999) pareciera iluminar las ya largas discusiones teóricas sobre el humor. El gran artista chileno radicado en Costa Rica dibuja las grandiosas carcajadas de los miembros de una mesa: “Les rogaría llevar la discusión dentro de mayor seriedad, señores…”, les solicita quien preside, rígido, solemne y dominante como la seriedad misma (La Prensa Libre, 01/03/1997).

Aunque el dibujo no explicita de qué o de quién ríen, sí conocemos su efecto: no la sonrisa (“reír por lo bajo”) sino la risa al grado sumo. Esa expresión espontánea, explosiva y liberadora, lúdica, placentera y vital: reír hasta las lágrimas. Su intensidad no pareciera ligarse a un humor compasivo sino al humor cáustico que destruye a carcajadas el cuerpo del “chiste”. Una vez más, Jano entrelaza sabiamente palabra y dibujo, y la caricatura evidencia la condición punzante, desacralizadora y subversiva de la risa.

Aferrado a las culturas y sus valores (o disvalores), el humor parte de la realidad para expresar la visión del mundo de aquellos grupos. Popular y universal, varía de un espacio a otro (en una misma sociedad o en sociedades distintas) y de un tiempo a otro. A menudo externa –a veces sin conciencia– mitos, prejuicios, estereotipos y falsedades en cualquier campo: racismo, machismo, clasismo, xenofobia, homofobia, entre otros, se ven fortalecidos al calor de la risa y el entretenimiento “sano”. Los chistes dejan salir el menosprecio burlón hacia quienes son o piensan diferente.

El humor gráfico y el alma popular. No hay caricatura sin humor, y como él, también es síntesis y, con frecuencia, ingenio. Empero, la caricatura suele distanciarse de lo que juzga para hacer reír… y hacer pensar. No para entretener. El humor (gráfico) no suele ser ligero o superficial.

“Ser o no ser… Esa es tu cuestión”, reflexiona la Muerte. Parodiando la tragedia de Hamlet (W. Shakespeare), la caricatura de Nano (Allan Núñez) replantea la duda existencial: la variación en la sentencia convoca a la Tierra y “su cuestión”: ¿es o no es? ¿Vive o no vive? Así, la alegoría de la Muerte no sujeta una clepsidra sino el mundo: literalmente lo tiene en la mano. Pero la sustitución de elementos no altera la simbología: el tiempo para la acción se agota. La situación ecológica es irreversible. El manto negro ceremonial cubre a la Muerte y su mano derecha se dirige hacia la Tierra. El soliloquio se vuelve retórico. La caricatura fue publicada en el libro antológico de La Zarigüeya, Humor eco-ilógico en 1994.

A veces la crítica viaja en un humor benevolente y otras en el látigo del sarcasmo o la ironía. Mediante la parodia, Mecho (Luis Demetrio Calvo) asemeja al diputado Otto Guevara y su táctica parlamentaria al conejo de la publicidad de Duracell (CRhoy.com 09/09/2016). La caricatura metaforiza satíricamente su rigidez y torpeza en una acción mecánica, no inteligente: una actitud absurda, impropia de los padres de la Patria. Ad perpetuam, el conejo-Guevara seguirá golpeando el tambor, gracias a las baterías “rojas con blanco”, los colores del Movimiento Libertario, su partido: sus más de 200 mociones al impuesto a las sociedades (Proyecto de ley contra el fraude fiscal).

Incisivo, a veces el humor es intelectual y no solo exige conocimientos más allá de la vivencia cotidiana o de la cultura popular, sino habilidades: saber leer entre líneas. En el juego irónico, el lector colabora en la construcción del sentido de la propuesta al develar la crítica oculta.

Sin palabras, como es lo usual,  Ferrom (Ferreol Murillo) ridiculiza el impacto de las redes sociales (tema de la caricatura) sobre las relaciones de pareja. Al imbricar íntimamente ambos mundos personales, critica con sarcasmo la realidad: ni el goce erótico –retratado únicamente en el gesto del hombre, un rasgo propio del patriarcado– detiene la necesidad enfermiza de mantener la conexión con el computador; no entre la pareja. Así, evidencia la supremacía de las redes sociales y la reducción de las relaciones amorosas a un acto instintivo: el movimiento de los cuerpos no interrumpe la pulsación de las teclas que, por la fecha del dibujo (2009), remite a la tecnología del momento. La caricatura participó en UMO International Cartoon Contest (India, 2010).

Del humor blanco –que no es tan blanco– al humor negro y los restantes tonos y colores. De lo fino y sutil a la “bajada de piso”, al irrespeto y la agresión; a la chota, esa “arma blanca, ¡blanca como una camelia! que se puede portar sin licencia y esgrimir sin responsabilidad”, como denunció la escritora costarricense Yolanda Oreamuno en 1938 (Repertorio Americano).

En abril de 1911,  El cometa publica la caricatura “El pleito de las comadres” en su portada. Enrique Hine  (1870-1928) es el dibujante y poeta; además de fundador, director, editor y propietario de la revista. Como parte de un estilo de la época, la caricatura retrata a los políticos y los metamorfosea en mujeres con el fin de escarnecerlos: así, viste en traje femenino y le adosa conductas “propias” de ellas -según el patriarcado- a Ricardo Jiménez (en aquel momento, presidente de la República) y a Máximo Fernández (candidato presidencial en las elecciones de 1906). De compadres en la campaña electoral de 1909 (Fernández propuso a Jiménez como candidato en la convención del partido Republicano) a comadres “en pleitos y algarabías, / por una simple sartén…”, como registran mordazmente los versos al pie (copla tica).

Dime de qué te ríes y te diré quién eres” (Goethe). Con su poder simbólico, la caricatura busca incidir en el imaginario colectivo para abrir el pensamiento y la conciencia a nuevas posibilidades, incluidas las contraculturas. Pero la caricatura también puede atizar sentimientos de ira o venganza, como es el caso de la revista francesa Charlie Hebdó.

Humor, ironía, sátira o chota. El humor (gráfico) debe ser un camino al humanismo.

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