Entrevista a Adrián Goizueta

“Hay que volver a las canciones que opinen”

El músico Adrián Goizueta se trajo un pedacito de su Argentina a nuestro país hace muchos muchos años,

Tenía 21 años cuando a raíz de la barbarie provocada por la dictadura en Argentina, Adrián Goizueta le dio vuelta a un globo terráqueo para escoger de forma azarosa el país al que se iría con su familia. La primera vez se detuvo en India y pensó, no, a India no; la segunda vez cayó en Costa Rica.

El planeta de plástico a escala traía adicionalmente un Atlas que explicaba que esta tierra no tiene ejército. “Imaginate. Aparte que decía -una cosa insólita- que dedicaba el 30 % de su presupuesto a la cultura. Era el paraíso. Cómo hice el contacto: llamé a la Embajada de Costa Rica, y me atendieron tan simpáticos como son los ticos”, recuerda riendo Adrián.

Ríe porque dice que la gente cree que la anécdota es un chiste, pero es tan cierta como que el día de la entrevista con UNIVERSIDAD era un jueves de febrero del 2017, y que tomamos té frío en su apartamento en Barrio Roosevelt de Montes de Oca.

“Había llegado el momento en que no podía vivir en Argentina pues había nacido mi primer hijo y no era un lugar para criarlo, porque estaba permanentemente sitiado por el ejército, por las operaciones rastrillo”, relata el cantautor.

Para asegurar su estadía en ticolandia, se conectó con el director, actor y maestro, también argentino, Alfredo “Pato” Catania, quien estaba a la cabeza de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), pues en su país natal Adrián hacía música para espectáculos teatrales, pero Pato le negó el trabajo en ese momento.

Luego habló con Arnoldo Herrera, director insigne del Conservatorio Castella, quien, como era de esperar, le dijo: “claro, vení, pago pésimo”. “Arnoldo fue maravilloso conmigo”. En ese semillero de artistas permaneció como un año, porque enseguida empezó a componer y a formar el icónico grupo Experimental.

Tributo

A mediados de enero de este año, el cantautor Alex Piedra organizó un tributo a Adrián, al que asistieron amigos, colegas, discípulos y seguidores. Honor a quien honor merece, pues es innegable y tangible el legado de Adrián en el medio musical y cultural, no solo costarricense sino latinoamericano.

Compositor, arreglista, guitarrista, profesor, productor de programas de radio, amigo, este rebelde, como lo llama el empresario radial Alfredo “Chino” Moreno, despertó y revolucionó en miles el amor por la música popular elaborada, esa expresión que lo hace indivisible.

Adrián puso a la nueva canción costarricense latinoamericana donde debe estar, en el centro y en las extremidades, es decir, en todo el cuerpo, con mensaje poético y político, con picardía y riesgo, con la síncopa incómoda en el lugar preciso, con la tradición del folclor y el tango, del rock, con el futuro del jazz, del ritmo tropical y caribe.

Esa mezcolanza es parte de nuestra identidad, que es una y todas.

¿Cuál fue la primera alineación del grupo Experimental?
-Era una mezcla de estudiantes del Castella y de la Universidad de Costa Rica porque yo ya había empezando a trabajar en la conformación de la primera etapa básica de la Escuela de Música de la UCR. Mi sueño era juntar un grupo que hiciera música popular pero que fuera resultado de juntar músicos que sabían leer música, de formación o que por lo menos estaban estudiando. Los primeros conciertos fueron en el Teatro La Máscara, aunque no existía la idea de tocar música popular en un bar ni en un teatro, pero como ya componía música para obras de teatro conseguí que la CNT me prestara un teatro, y empezamos a tocar los lunes. El Experimental siempre fue un taller, sigue siendo. Van y vienen músicos, enriquecen, cambian ellos, cambiamos nosotros, cambia la idea, crecemos. Eso le ha dado permanencia al grupo.

¿Cuando se consolidó y por qué, y cómo impactó al medio musical?
Creo que ningún grupo movió tanto por tantos años, ni tiene tantos hitos históricos: el primer grupo de música popular elaborada de tocar en el Teatro Nacional, de grabar discos en la CBS Indica, de hacer 20 giras a Europa y otros países del mundo, de grabar 25 discos. Hubo un antes y un después, y no lo digo yo, lo dicen todos. Este era un país -y sigue siendo- de muchísimo talento, pero cuesta que de adentro se descubra, se crea en eso. Todavía seguimos teniendo problemas con que la gente acepte y adopte que tiene su propia música, como lo hacen los brasileños, los argentinos. Pero el hecho que llegara un tipo de afuera -yo ya soy de aquí, obviamente, pues he vivido el doble de años que en Argentina- en ese momento sucedió como con Pinto con la selección. Acá no había música popular elaborada y viniendo de un país con mucha tradición de folclor renovado -Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Quinteto Tiempo-, digo: tenemos que generar música con un sentido cultural pero a la vez popular, divertida, y con contenido; para nosotros es fundamental que la canción tenga significado, más allá de la poesía romántica, que tenga sentido social. Yo pienso que se va logrando un surco y que todavía estamos en esa lucha.

¿Cuál es tu forma de abordar la música?
-Yo soy una misma cosa; he llegado a la conclusión de que lo que hago es indivisible. En relación con la música y la política mi bandera sigue siendo la misma. Siempre tuve una visión integradora, en la cual la educación musical formó una parte muy importante. La intención era llevar la música a un plano que le permitiera la universalización y formara parte de la cultura vigente de una sociedad. A través de formar, de generar un trabajo de puertas abiertas y de compartir, con la seguridad de que hay que conjugar todos los días la sabia frase del poeta argentino Armando Tejada Gómez que el “arte no compite, el arte suma”. El éxito del colega que tenés a la par jamás te va a perjudicar, siempre te va favorecer porque te va a abrir puertas.

Los ticos creemos que tenemos que tener una identidad pura, si no encontramos eso que nos hace “auténticamente” costarricenses no es parte de nuestra cultura, pero somos una mezcla, tu música es eso…
-Mi música es de acá, para los argentinos yo soy de aquí, no creás que creen que soy argentino, el 90 % de mi repertorio tiene un aire muy tico…

¿Y qué es eso que considerás de aquí?
-Que tiene Caribe, trópico, es esa mezcla que hemos hecho pero de la que somos hijos también. De esa conjunción de elementos propios de una región. Esa visión que dijiste es errónea porque la cuestión folclórica no tiene fronteras reales, eso le da gran riqueza y esa expresión folclórica es regional, no es de límites políticos. No hay ningún purismo a la hora de reconocer la propia, porque también podemos hablar en Latinoamérica de que tenemos un rock y un jazz propio. El proceso de folclorización es cuando una comunidad toma algo que aparentemente viene de afuera pero que lo transforma, lo hace propio y le da su propia identidad.

La tradición sinfónica también está y estuvo presente en tu música… la primera alineación del Experimental tenía cuerdas…

Era un grupo de cámara, siempre lo fue, con el que hemos tocado Mozart, Bach, porque en las giras teníamos un cuarteto con el cual interpretábamos nuestro momento “culto”. En Argentina yo era alumno de arreglo y composición, y tuve un maestro, Sebastián Piana, de los grandes compositores de tango, que a la vez tenía una gran formación académica sinfónica. La clases con él me cambiaron la vida. En 1986 logro que la Orquesta Sinfónica (OSN) me pida un concierto, bajo la dirección Elbert d Lechtman se estrena “John ser humano”, una obra conmemorativa con texto de Virginia Grütter, y era el Experimental en pleno con la OSN completa con extras y el coro de cámara de la Universidad Nacional.

La expresión política ha sido fundamental en tus canciones…
En ese sentido hay canciones que son himnos. Cuando gana las elecciones el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador, nos invitaron al estadio Cuscatlán donde había 45.000 personas y cuando empiezo a cantar “Dicen que dicen que vieron pasar a Farabundo Martí…”, empezaron a corear y yo me callé, fue muy emocionante. Fue muy importante la manera de involucrarse con los movimientos sociales en Centroamérica en los ochentas. Además yo había hecho la música de “El Salvador, el pueblo vencerá”, había colaborado con la música de “Nicaragua, patria libre o morir”, cine hecho aquí de una manera un poco clandestina. La nueva canción responde a su época, está basada, no de manera coyuntural, con las necesidades, no por mandato sino por sentimiento real y propio. Nosotros siempre hemos hecho canciones de amor a la libertad, a la vida, al ser humano, a los hombres y a las mujeres. Hay épocas de una urgencia particular, como decía Brecht: “vivo en tiempos difíciles”. Cantar siendo una especie de reflejo, sabiendo que no hacía falta el panfleto, eso estuvo muy claro en la poética del Experimental. Solo el peso de la realidad transforma o denuncia o genera cierta conciencia.

¿Cómo te anclás en esta época?
Hay que volver a las canciones que opinen, decía Atahualpa Yupanqui y los grandes precursores. Hay una necesidad de que la escuche gente joven, nueva, que la canción opine de manera poética, bella y propositiva. Hay que intensificar esa posibilidad de aportar desde la música a una posición más progresista, de generar conciencia. Nosotros aprendimos a hacer canción política en medio de las dictaduras, de la adversidad. El arte tiene esa característica; como decía el gran pensador Gramsci, el momento más alto de la cultura de un pueblo se da en el momento de mayor lucha, de convulsión social, de mayor necesidad y reivindicaciones, de denuncia. En esa tesitura la canción juega un papel importante y tiene que volver a tomar esa posición. Nosotros tenemos que hacer un tributo a la canción latinoamericana y a su contenido, una permanente vuelta a lo que le ha dado origen.

Hay una gran dificultad para que se escuche en la radio nuestra música (a excepción de proyectos como el de Radio Nacional), pero vos tenés una trinchera radial con tu propio programa desde hace muchos años…
La radio es una patriada con la que nunca he ganado un cinco. Inicié con el programa “Con toda confianza” en Radio Sonora, después pasé a Estéreo Azul, luego vendida a Alberto Terán que me pidió la dirigiera. Ahí comprobé que Costa Rica desea, necesita y tiene con qué respaldar proyectos de esos, pero falta apoyo que tiene ver con esa estructura de las agencias de publicidad que son las que mandan y no están mirando con claridad los nichos de mercado. Después hice un año de televisión, época en la que entré en contacto con Chino Moreno y Andrés Quintana de 94,7, con quienes tengo una gran amistad. En la radioemisora he hecho muchos programas hasta la fecha. Para mi eso es lo lindo: no trabajar en espacios culturales sino populares, donde agarrás a la gente desprevenida porque no está esperando la música que programo. Desde hace como cinco años hago un programa que se llama “La otra música”. La radio está más viva que nunca.



Te queremos tanto Adrián

Carlos Meléndez, baterista: “Yo me atrevería decir que hay miles de músicos que recibieron y que siguen recibiendo clases con Adrián, porque todavía da clases en su casa. Es un musicazo. Es una persona dulce e introvertida. Para mí fue una gran suerte que me pidiera tocar con su grupo (el Experimental) porque no solo aprendí de música. Él era muy combativo, muy consciente de las luchas y en este tiempo yo aprendí a levantar la bandera de la solidaridad”.

Alex Piedra, cantautor: “El homenaje lo propuse por el cariño que le tengo, por el respeto como autor, productor, cantautor, compositor, arreglista, guitarrista y profesor. Vino a revolucionar la música popular elaborada. Es una persona que compone sus canciones, las arregla y las expone a su público, un camino muy duro y difícil, pero yo me fui detrás y empecé a hacer canciones de cantautoría, a defenderlas”.

María Pretiz, cantautora: “Para mí era y es un referente. Tenía la magia de mezclar distintas formas musicales, más jazzero, me parecía maravilloso lo que hacía en ese tiempo en los que se hacían filas interminables para verlo en el Teatro Nacional. Ha sido súper importante en el movimiento al traer un tipo de música popular y esos híbridos a la cotidianidad del sonido tico con un mensaje con contenido”.

Alfredo Chino Moreno, empresario: “Yo pasaba todo el tiempo tratando de calzarlo dentro de la textura sonora de 94,7 pero llegó un momento en que dije: no voy a seguir en esto, él es mi amigo, es una autoridad en la música y le dije: Adrián, poné lo que te dé la gana. Así contribuye a levantar el nivel cultural de la radio, nos pone en otra categoría, porque somos una radioemisora común y silvestre de música pop. Es como ponerse una flor en el ojal”.



 

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