Kembly Aguilar y La Bicicleta cumple 15 años

Títeres cuentan historias montados en bici

Kembly Aguilar inició su grupo La Bicicleta hace 15 años. El 23 de abril inicia una residencia en Canadá para montar una obra

Son 15 años de viajar en una bicicleta cargada de títeres de todos tamaños, tipos y colores, con el fin de contar historias, un puñado de historias pertinentes y que provocan reflexión en niños y adultos por todo el territorio nacional.

El aniversario de la Compañía La Bicicleta coincide con la celebración de haber sido seleccionada para hacer una residencia en Montreal, Canadá, en el marco de un festival especializado en pequeña infancia –de los seis meses hasta los cinco años- que programa espectáculos de música, teatro, danza y títeres.

Desde hace varios años, la iniciativa denominada Petits Bonheurs lanza una convocatoria para titiriteros extranjeros que estén en el proceso de creación de una obra para la primera infancia.

De forma coincidente, hace un tiempo Kembly también ha ido madurando la idea de montar un espectáculo para bebés. “Estaba estudiando lingüística aplicada y me enamoré de una teoría de Noam Chomsky que habla sobre el origen de las lenguas y se mete con los bebés”, explicó la artista.

Junto a su compañero de vida y arte, el músico y compositor Jonatan Albuja, empezó a investigar con especialistas en música étnica sobre canciones de cuna costarricenses, hasta que encontraron un texto del cual partieron para desarrollar unos bocetos.

Invitaron a Michelle Canales a unirse al proyecto para crear la escenografía, y enviaron la propuesta que fue elegida entre 25 de diferentes partes del mundo; “la pegamos”, dice Kembly con gran satisfacción.

¿Cómo se hace ese tipo de teatro de títeres?

-Tiene características diferentes, por lo que nos ha tocado investigar. El proyecto lo hemos presentado a concurso a siete fondos y ninguno ha aceptado. Es que no es masivo, es de cámara, porque el público está a tres metros del objeto. Son pocos bebés los que entran y hay que aislar, generar un espacio de confianza donde ellos se sientan cómodos y dirigir la atención a un solo lugar.

Una bicicleta para muchos

Cuando Kembly Aguilar estaba “güila”, la mama (sin tilde) la llevaba a clases al teatro Carpa, proyecto escénico pionero de la familia Catania. María Catania tenía detrás del edificio principal una casita con un pequeño escenario donde daba clases a niños. “Fue mi primer amor”, asegura.

En un par de ocasiones, el colega titiritero y actor, Fernando Thiel, le dio clases para hacer muñecos, “cosas muy sencillas, porque una tenía nueve o diez años”, recuerda Kembly, quien agrega que en ese entonces tenía la manía de andar buscando trapos, palitos y piedras para armar muñequitos.

Diez años después, cuando ingresó a la universidad, se reencontró con Thiel, quien estaba por empezar el programa de títeres y muñecos “El taller de Fernando” en canal 13, y la invitó ser parte de la experiencia.

Kembly manipulaba y le daba voz a los primeros personajes con muñecos de su vida: Calcetino y Madame Lechúz. Luego se quedó en la agrupación de Thiel y Carolina Pizarro un buen rato, pero con un cambio de gobierno empezó a bajar la demanda y su salida se dio paulatinamente.

Sin embargo, “me picaban las manos”, dice Kembly, lo cual la impulsó a crear su primera obra Juanito para Marcelo su hijo, que en ese momento tenía dos años. Así, poco a poco se fue metiendo cada vez más en ese mundo, hasta que un día los muñecos le dijeron “la necesitamos”.

A partir de entonces dejó de dar clases de francés y aceptó: “no, es esto, es el momento”, resolución que se transformó en una empresa familiar, porque sabía que como negocio –hoy en día llamado emprendimiento- requería una inversión de tiempo completo.

Kembly no mira con romanticismo su compañía -aunque le ha costado cayos y alergias, y años para levantarlo- pues le permite pagar facturas. “Se necesita gente para que esto crezca y que deje de ser un monociclo para ser una bicicleta”, afirma.

¿Por qué le pusiste La Bicicleta?

-El que lo propuso fue Jona” (su esposo), ya que cuando vivía en Ecuador había una revista que circulaba en Sudamérica llamada La Bicicleta. Era un cancionero protesta, y entonces yo entendí que una de las cosas que quería hacer con mis títeres era contar historias que aquí no se estaban contando. Veía ciertas carencias en el medio y para mí es una protesta.

Kembly le encontró al medio de transporte características similares con lo que hacía: las dos ruedas que son Jona y ella; un manubrio para darle dirección; montar a colaboradores como escritores o colegas para un espectáculo en particular; montar al público que hace un viaje; cargar en la canasta las maletas con los muñecos y demás objetos; que se puede parquear y meter por todo lado.

“Si hay una ventaja que tienen los muñecos es que hemos llegado a cada rincón de este país, lugares que no necesitan de un teatro o luces”, puntualiza Kembly, lo cual les permite instalar un teatrino, una mesa, o simplemente ponerse sobre los hombros un personaje gigante cuyo ámbito escénico es la calle.

La titiriturgia de las puestas de La Bicicleta se escribe mientras se bocetean las escenas y se resuelve técnicamente la obra.

¿Y la protesta?

-Son los temas que tocamos y cómo. Nos hemos especializado en público infantil, aunque no necesariamente los títeres son para niños y eso es algo que en los últimos años hemos ido cambiando.

Kembly recalca que los chicos son los más sinceros, y si algo nos les gusta los dejan hablando solos; en cambio, si les gusta son los más expresivos en su reacción. “No he conocido un solo niño idiota, adultos montones; niños inocentes sí, tontos, jamás”, agrega.

Según la experiencia vivida por la titiritera, muchas puestas en escena los menosprecian, como si no fueran seres inteligentes, ante lo cual el objetivo de la agrupación fue cambiar el trato con ellos y hablar sobre temas que en el país no se tocaban como la pluriculturalidad o la felicidad vista desde otros ángulos.

Asimismo, para la artista la estética de la obra es crucial: “hacer un espectáculo cuidado o descuidado porque es un público equis, o porque vas a ganar mucha plata o no”, les plantea la necesidad de trabajar con un sentido ético.

En esta poética entra la composición musical, aspecto al que el grupo le da una gran importancia dado que Jonatan es músico y compone e interpreta la banda sonora de las obras, muchas veces en vivo.

“La gente cree que la música infantil es el redoblante de los años ochenta, como de música de circo. No, no tiene porqué ser ese formato”.

Tradición

Kembly considera que en el país no hay tradición titiritera, a pesar del aporte de los legendarios hermanos Freer y de Enrique Acuña y su Moderno Teatro de Muñecos, “pero yo no los vi”.

Y aunque sí aprendió de Fernando Thiel, siente que no tiene arraigo en una forma específica de crear su arte. “Me gustan las técnicas de mesa, me siento muy cómoda, pero es la misma historia la que te dice qué técnica necesitás”, señala.

No obstante, reconoce la influencia en su imaginario de La Rana Sabia, grupo ecuatoriano con más de 40 años de trayectoria y que se presentó en el país en el marco de un Festival Internacional de las Artes.

En esa oportunidad ofrecieron una obra con un humor fino, cuyo montaje era con muñecos gigantes que le parecieron hermosos. “Vi algo que no había visto que estaba pasando en mi país. Podría sentir que soy una estudiante de butaca del grupo”, expresa.

¿Cómo es la relación con el títere?

-Yo me imagino las historias con muñecos. Mis trabajos han sido en su mayoría adaptación de un texto que leí y me encantó, y me lo traje para esta época y para este país, le di color local. Entonces, es un trabajo de reelaboración de una historia hecha para los espectáculos nuestros que se mantienen en repertorio.

Kembly recibió en una oportunidad un taller de titiriturgia, precisamente con La Rana sabia. Este proceso de escritura dramatúrgica para títeres consiste en arrancar al mismo tiempo con la invención de una historia o recomponer una historia ya creada, mientras se van resolviendo los detalles técnicos.

“Cuántas personas somos, de qué tamaño va a ser la obra, dónde quiero presentarla, cuántas manos tengo libres, o si voy a usar una rodilla; es decidir, en relación con las condiciones que tengo, de qué forma voy a trabajar el tema”, detalló la titiritera.

En la puesta de Olivia y el sombrero mágico, por ejemplo, hay una escena técnicamente complicada, en la que un árbol crece de un piso de un apartamento; ¿cómo lo resuelvo?, se preguntó la creadora: con siluetas, con un alejamiento que permite que desde la ventana el público vea la sombra creciendo.

Olivia y el sombrero mágico es una de las obras creadas por la Compañía La Bicicleta.

Es muy poético…

-… y juguetón. Los títeres tienen mucha síntesis. Resolver aspectos de la historia y con la técnica de una forma comprimida tiene que ver con la caricatura, con las bandas de dibujos.

Los artistas son manipuladores e intérpretes; entra en juego el uso de la voz, de la corporalidad y la gestualidad…

-Sí, porque le estas dando vida a un muñeco o a un objeto. El muñeco tiene algunas limitaciones con respecto al actor, pero también ventajas, porque lo podés hacer volar y dejarlo suspendido.

¿Cómo es la relación con el público infantil?

-Son muy expresivos…creo que es magia. El último espectáculo que hicimos es para adultos y también es magia. La fantasía es particular, esa poesía que el actor no puede dar porque es construir un mundo a la medida con objetos. Y en este momento que tenemos la tecnología tan presente, tan cercana, que nos ataca todo el día, con los títeres es volver a lo manual y hacer magia con el objeto más banal: una sombrilla, un muñeco.

Kembly trae a colación una vez que presentaron Olivia…, en Enamórate de tu ciudad y al final de la función un niño abrió la maleta, agarró el muñeco/gato y le empezó a dar vueltas. El otro actor del montaje le preguntó qué estaba viendo, y el niño le respondió: estoy buscándole el botón, ¿cuál botón?, para que diga miau, contestó el niño.

El grupo no deja de sorprenderse de esta ilusión creada, pues son absolutamente visibles en escena mientras están manipulando e interpretando los títeres.

Para el público es igual de sorprendente. En otra ocasión, luego de presentar la obra en la que Olivia en una escena se suspende en el aire con una sombrilla, uno de los niños les preguntó: ¿cómo hacen para que la muñeca vuele?

 

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