Eduardo Loría Beeche, empresario, curioso por la vida y emprendedor

Fotógrafo de emociones

En el 2009 comenzó en la fotografía digital, muy de cerca con un grupo de fotógrafos llamado Foto Club de Costa Rica.

Las personas que lo conocen le han insistido para que se especialice en alguna rama, pero él hace todo tipo de fotografías y cuenta que cuando tiene una cámara lo demás desaparece. Hizo fotoperiodismo en 1989 pero se alejó porque lo suyo no es retratar el dolor. Lo que le gusta es el arte de la foto y hacer que la gente sonría con los ojos.

Eduardo “Chino” Loría es un fotógrafo costarricense con una larga trayectoria y varios premios nacionales e internacionales en su haber, pero también es un rostro con contraste alegre, sonrisa cálida y ojos bien iluminados; el mejor encuadre de lo que debería transmitir una imagen mediante sentimientos está en él, en su manera de contar las cosas.

Pasó la niñez observando a su hermano tomar y revelar fotos en un cuarto oscuro, sin embargo su pasión inició hasta que entró en la universidad donde comenzó a estudiar arquitectura.

Gracias a que no tenía grandes dotes en el dibujo su padre lo inscribió en un curso privado para que aprendiera a dibujar, pero tiempo después la profesora le sugirió llevar fotografía. En ese momento apareció la oportunidad de participar en un concurso de fotografía sobre paisaje urbano para estudiantes de arquitectura, Eduardo participó y obtuvo el primer lugar, es así como inicia una relación de varios años e innumerables momentos capturados.

Desde entonces Eduardo manda sus fotos a todos los concursos que puede. “La única forma en la que una persona puede crecer es buscando nuevas cosas, esa búsqueda es constante”, afirma Loría.

En el 2016 ganó mención de honor con la serie a color de El regalo en el Moscow International Foto Awards, y el tercer lugar en Tokio por su fotografía The Photographer and the Sea en la categoría Naturaleza Panorámica. Iniciando el 2017 vuelve a obtener reconocimiento por su trabajo al ganar otra mención de honor en el Monochrome Photography Awards de Londres en la categoría Fashion-Beauty, con una fotografía de la serie El regalo, esta vez en blanco y negro.

¿Qué busca expresar mediante sus imágenes?

-Quiero expresar algo con las fotos, que la persona se ponga a pensar, si es un paisaje que lo lleve al lugar, que la persona diga quiero estar ahí. Me gusta generar alegría y engrandecer a mis modelos.

En la parte artística busco tener un diálogo con las personas y lo más importante es la emoción, qué emoción logro transmitir, si al final la foto me habla me doy por satisfecho.

Hago las preguntas necesarias para llegar a aquello que busco en las personas, que me hablen no desde su sonrisa o pose estudiada, sino desde lo que son realmente.

¿Qué es lo que encuentra interesante a la hora de capturar un momento?

-A nivel profesional me gusta hacer fotos de comida y arquitectura; en foto de arquitectura me interesa fotografiar en la hora azul, la hora del crepúsculo, antes del amanecer o después del atardecer. El color azul genera un contraste interesante con la pieza arquitectónica y el fondo.

En lo que soy bueno es fotografiando gente, desde el punto de vista humano me interesa sacar las emociones de las personas. Hace unos meses retraté una familia que daban la sensación de estar muy alejados entre ellos y generaban una atmósfera fría, entonces les propuse una dinámica y les dije que se abrazaran y se dijeran todo lo que sentían; esto afloró sentimientos y minutos después, cuando volvieron a posar para la foto, lograron transmitir algo muy distinto a lo que yo había visto al principio. Muchas veces las poses planeadas o estudiadas hacen que la foto pierda su verdad.

Me interesa llevar a quienes retrato a una especie de familiaridad, donde la fotografía para ellos pasa a un segundo plano y lo que importa es lo que se comparte y surge en ese momento.

¿Cómo sabe un fotógrafo cuando es el momento de apretar el disparador?

-Usualmente el clic mental viene antes, porque si es el momento ya estás tarde. Tenés que prever el momento, estar un segundo antes para tomar la foto.

La otra vez tomé una foto de una mujer embarazada haciendo unas posturas de yoga, cuando iba a tomar la foto me dijo que le diera un momento porque estaba teniendo una contracción, llevó su mano al pecho, respiró y cerró los ojos, ahí fue cuando tomé la foto.

Hay fotos en las que se tiene más tiempo y hay fotos que disparás o disparás.

¿Cuándo blanco y negro y cuándo a color?

-Cuando el color no aporta, cuando quiero ir a la esencia generalmente voy al blanco y negro. La fotografía en blanco y negro me mueve mucho y en paisaje me encanta.

En un país como este donde hay buenos fotógrafos pero no muchas oportunidades de exponer el trabajo, ¿cómo llegan estos premios de otros países?

-Toda la vida he estado en una parte competitiva, los concursos me dan un reconocimiento y me dan querer mejorar mi técnica fotográfica, si no gano busco no perder la lección.

Participo mucho, por lo menos unas cinco u ocho competencias internacionales por año. Tenía varios años de no ganar, gané el año pasado y este con dos premios, pero realmente no es lo usual ganar.

Los premios de este año llegaron comenzando enero, es sumamente importante porque me obligan a crecer y hay una exposición, un reconocimiento que es importante.

¿Cómo es ser un fotógrafo en Costa Rica?

-Es un gremio que sufre mucho porque no sabemos adaptarnos a este nuevo proceso que estamos teniendo, cada vez más gente entra al mercado, cada vez hay más lucha, veo quejas en redes sociales por temas de precio. La única forma es diferenciarnos, diferenciar nuestro valor y cuál es nuestro nicho de mercado.

¿Cómo entra en juego el papel de la tecnología y con ello el incremento de personas que se dedican a este oficio?

-La fotografía se masificó en la medida en que se hizo más sencillo, ahora cualquier persona tiene una cámara o toma fotos desde su celular, eso le da más acceso a la gente. Algunos teóricos dicen que se democratizó la fotografía. La fotografía viene desde hace años implementando que la gente tenga mayor acceso. El medio cambia y cambia su significado. Antes existían los autorretratos y no los selfies por ejemplo.

Ya no necesitamos al fotógrafo porque hay más acceso al medio y a recursos tecnológicos; sin embargo, hay una diferencia entre el profesional y el amateur que no lo da la cámara, lo da la capacidad que tienen ciertas personas de usar el medio y las circunstancias según su conocimiento y experiencia.

Por un lado, es bueno el acceso a lo tecnológico, pero por otro lado es triste que las personas ya no disfrutan los momentos por querer capturarlos, aunque hayan contratado a un profesional. Aunque el acceso es masivo creo que el recurso “persona” siempre es un valor fundamental.

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